II

Después, cual lampo fugitivo y leve,

Como soplo veloz,

Pasó el amor..., la ciencia de la vida...

Mas... aun vivís los dos.

Tú de otro y de otra yo—dijisteis luego.

¡Oh mundo engañador!

Ya no hubo noches de serena calma,

Brilló enturbiado el sol...

¿Y aún, vieja encina, resististe?, ¿aún late,

Mujer, tu corazón?

No es tiempo ya de delirar; no torna

Lo que por siempre huyó.

No sueñes, ¡ay!, pues que llegó el invierno

Frío y desolador.

Huella la nieve, valerosa, y cante

Enérgica tu voz.

¡Amor!, llama inmortal, rey de la tierra,

Ya para siempre ¡adiós!

1867.