III

Ciudad extraña, hermosa y fea á un tiempo,

Á un tiempo apetecida y detestada,

Cual ser que nos atrae y nos desdeña,

Algo hay en ti que apaga el entusiasmo,

Y del mundo feliz de los ensueños

Á la aridez de la verdad nos lleva.

¡De la verdad!... ¡Del asesino honrado

Que impasible nos mata y nos entierra!

... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...

¡Y yo quería morir! La sin entrañas,

Sin conmoverse, me mostrara el negro

Y oculto abismo que á mis pies abrieran.

Y helándome la sangre, fríamente,

De amor y de esperanza me dejara,

Con sólo un golpe, para siempre huérfana.

«¡La gloria es humo! El cielo está tan alto

Y tan bajos nosotros, que la tierra

Que nos ha dado volverá á absorbernos.

Afanarse y luchar, cuando es el hombre

Mortal ingrato y nula la victoria,

¿Por qué, ya que hay Dios, vence el infierno?»

Así del dolor víctima, el espíritu

Se rebelaba contra cielo y tierra...

Mientras mi pie inseguro caminaba;

Cuando de par en par vi abierto el templo,

De fieles despoblado, y donde apenas

Su resplandor las lámparas lanzaban.