VI

¡Oh tierra, antes y ahora, siempre fecunda y bella!

Viendo cuán triste brilla nuestra fatal estrella,

Del Sar cabe la orilla,

Al acabarme, siento la sed devoradora

Y jamás apagada que ahoga el sentimiento,

Y el hambre de justicia, que abate y que anonada

Cuando nuestros clamores los arrebata el viento

De tempestad airada.

Ya en vano el tibio rayo de la naciente aurora

Tras del Miranda altivo,

Valles y cumbres dora con su resplandor vivo;

En vano llega mayo de sol y aromas lleno,

Con su frente de niño de rosas coronada,

Y con su luz serena:

En mi pecho ve juntos el odio y el cariño,

Mezcla de gloria y pena,

Mi sien por la corona del mártir agobiada

Y para siempre frío y agotado mi seno.