FRANCISCO GARCIA CALDERON

Un joven sabio; palabras difíciles de juntar en nuestra América. A Francisco García Calderón siéntanle por igual manera los calificativos de savant y de sage. La gravedad espiritual, el desdén de las literaturas fáciles, y diremos así de simple adorno, el alejamiento del dilettantismo, y su copioso saber, sostenido por una inteligencia fuerte y ponderada, le han dado un lugar especial en nuestra reciente intelectualidad. Habita en París, y busca los jardines apacibles de la filosofía, en vez de entregarse a las bellas y ligeras letras de la luminosa capital del esprit. Cuando, por la fatalidad que pesa sobre muchos de los escritores que aquí residimos, «hace periodismo», y finge de corresponsal a diarios hispanoamericanos, se ocupa en Gabriel Tarde; en el soliloquio platónico de Renouvier, en Brunetière que juzga a Renan, en Menéndez Pidal y la cultura española, en los estudios penales de Dorado Montero, en el fenómeno religioso de los Estados Unidos, en los ideales de la vida, según William James, y en otros tópicos semejantes. Como veis, todo eso está muy lejos del boulevard. Sus relaciones intelectuales son las que convienen a semejante monge laico, fraile de la filosofía. «Monsieur F. García Calderón est un jeune peroubien qui connait admirablement la France, son histoire, ses ecrivains, ses philosophes.» ¿Quién escribe esos conceptos? Es M. Gabriel Seailles, profesor en la Soborna. «Esprit ouvert et curieux, auditeur et auditeur attentif, ardent, consciencieux intelligent, vous mettez votre effort et votre joie à penetrer dans la pensée, dans l'âme des hommes que vous voluez connaître». «Donc s'assimiler appliquer l'experience de l'âgé mur et même temps garder l'elan, la foi et même les ilusions de la jeunesse, trover enfin le moyen de réunir en un tout vivant et harmonieux ces deux ordres de qualités, en apparence contradictoires, ce est le conseil que, for de vos études et de vos reflexions, vous donnez à votre Patrie. Je crois bien que ce conseil convient a tous les hommes, et qu'en tout pays on aura intérêt et profit à lire un livre tel que le votre.» ¿Quién expresa tales opiniones? Monsieur Émile Boutroux, del Instituto. Díme con quien andas y te diré quién eres. Es raro, sí, muy raro, que en nuestros países un espíritu joven y bizarro, como el de García Calderón, deje el verjel de los lirios y los mirtos y los laureles para inclinarse al pozo de donde se espera ver salir el blanco cuerpo de la verdad. Pocos van a las honduras de los problemas espirituales, pocos se consagran al ejercicio del pensamiento en los altos asuntos religiosos y morales.

Pocos visten el sayal pesado del estudioso y se encaran con las gravedades de la vida y de la conciencia humanas. Francisco García Calderón se ha dedicado a tales tareas. «Vous n'etes pas mu par un frivole esprit de diletanttisme», le dice uno de los sabios que he dictado anteriormente. Y él mismo declaraba en uno de sus primeros libros el propósito de «levantarse sobre la parcialidad benedictina del análisis, sobre la frivolidad estéril de la hora y dar a su espíritu el grave recogimiento que conviene a la eclosión de futuras obras durables.»

La obra fundamental, hasta ahora, de nuestro amable pensador, es la que consagrara a su patria, Le Perou contemporain. Es una obra fuerte de medula, y que indica un vigor de espíritu y un estudio tan sólido y de trascendencia, que se diría de años mayores. La obra está escrita, a pesar de la particularidad patriótica, bajo un concepto universal, y puede ser leída con interés en cualquier parte, pues su fondo filosófico, su hondura ideológica, llamarán la atención, a no importa qué hombre de pensamiento, en todo lugar del mundo. La sagacidad de intelecto de esta «cabeza», que no sólo pertenece al Perú, sino a todo el continente, se une al vigor y a la rapidez con que abarca y profundiza cualquier cuestión de interés humano. En tales especulaciones, y siguiendo cada cual su ideal mental y su modalidad, se junta con Rodó y con Sanin Cano.

Para contrapesar en la balanza psíquica el valor de tales especialísimos mediums habría que poner, es indiscutible, en el platillo opuesto un buen número de toneladas de perlas y de rosas.