DAMA

A una chilena.

Como son cosas de niño

y de visión y de ilusión

recordar el parque Cousiño

como una divina visión,

recordar las frondas espesas,

la opulencia de los carruajes,

y aquellas damas con sus trajes,

que eran a mí todas marquesas.

Y no haberte visto, señora,

encarnación de poesía,

saludarte en nombre del día

y besarte en nombre de aurora.

Brindarte por el sol y el agua

y por el granizo y el trueno,

una chispa de sol chileno

en un verso de Nicaragua.

Tú eres la luz y eres el templo

cuando con tu manto chileno

sabes hacer al hijo bueno

y brindas belleza y ejemplo.

Perla pura entre perlas buenas,

dulce belleza hecha de bien,

tu beldad nos viene de Atenas,

tu bondad de Jerusalén.

En ti veo paloma y honda,

todo misterio y poesía,

la sonrisa de la Yoconda

hecha por la Virgen María.

Si hay alguien que te llama bella

buscando el adularte, dile:

—¡Yo soy la más hermosa estrella

sobre la bandera de Chile!