I

Olor a nardos y olor a rosa,

lo que adivino, lo que distingo,

el sol, los pájaros, la mariposa,

Santo Domingo, Santo Domingo.

Yo te adivino, yo te distingo

lo que algún día me puedas ser,

Santo Domingo, Santo Domingo,

que yo algún día te pueda ver.

Dios permitiera que yo algún día

llegara a costas que bellas son,

por sus historias, su melodía,

sus entusiasmos y su Colón.

* * * * *

¡Oh República Dominicana!

Tú que debieras estar,

como una Virgen en su altar,

en toda patria americana;

Tú, que eres la sublime hermana

que nos dió nuestro despertar,

mereces la voz soberana:

¡Toda la tierra y todo el mar!