«PAX»

En sangre y en llanto está la tierra antigua.

La Muerte cautelosa, o abrasante o ambigua

pasa sobre las huellas

del Cristo de pies sonrosados

que regó lágrimas y estrellas.

La humanidad, inquieta,

ve la muerte de un papa y el nacer de un cometa

como en el año mil.

Y ve una nueva torre de Babel

desmoronarse en hoguera cruel

al estampido del cañón y del fusil.

«¡Matribus detestata!» Madre negra

a quien el ronco ruido alegra

de los leones: Palas,

odiosa a las dulces mejillas,

puesto que das las flechas y las balas;

abominada seas

por los corrientes siglos y fugaces edades,

porque a pesar de todo, tus fuertes potestades

sucumbirán al trueno de oro de las ideas.

Amontonad bibliotecas,

poblad las pinacotecas

con los prodigios del pincel

y del buril y del cincel.

Hace la evocación de Homero, Vinci, Dante

para que vean el

espectáculo cruel

desde el principio hasta el fin:

¡La quijada del rumiante

en la mano de Caín

sobre la frente de Abel!...

* * * * *

Se grita: ¡Guerra Santa!

acercando el puñal a la garganta,

o sacando la espada de la vaina;

y en el nombre de Dios,

casas de Dios en Reims y Lovaina

¡las derrumba el obús 42!...

¡No, Reyes! Que la guerra es infernal es cierto;

cierto que duerme un lobo

en el alma fatal del adanida;

mas también Jesucristo no está muerto.

¡Y contra el homicidio, el odio, el robo,

el es la Luz, el Camino y la Vida!...

* * * * *

¡Emperadores! ¡Reyes! ¡Presidentes! la hora

llegará de la Aurora.

Pasarán las visiones de Durero;

pasarán de Callot los lansquenetes,

los horrores de Goya, el visionario,

en la memoria amarga de la tierra.

Pasará de la guerra el tigre fiero,

se olvidarán obuses y mosquetes,

y ante la sacra sangre del Calvario

se acabarán las sangres de la guerra.


Pájaros de las islas, ¡oh pájaros marinos!

vuestros revuelos, con

ser dicha de mis ojos, son problemas divinos

de mi meditación.