CAPÍTULO XI

Órganos sociales encargados de nuestra reconstrucción.

Pensionado en el extranjero. Importación de profesores. Creación de Colegios españoles en las principales ciudades universitarias de Europa.

Las ideas precedentes, vulgarísimas en el extranjero, tampoco son, por fortuna, novedad en España. Más o menos explícitamente, han sido proclamadas por nuestros mejores escritores, y singularmente por las eminencias de la cátedra; han creado un estado de conciencia nacional y se han traducido, al fin, en leyes y órganos adecuados de acción. Notorio es que, desde hace algunos años, se han fundado entre nosotros instituciones que, como la Junta de Ampliación de estudios y Pensiones y el Patronato de ingenieros y de obreros, tienen por principal misión escoger la flor de nuestra juventud intelectual y obrera, para educarla y sostenerla en los grandes focos de producción científica e industrial de Europa y América.

La Junta de Pensiones y de Ampliación de estudios se propone, según resume su activo secretario, señor Castillejo: «1.º El envío de pensionados al extranjero, la comunicación con ellos y la organización de diversas formas de tutela y auxilio para facilitarles su labor. 2.º Un servicio de información extranjera en las cuestiones de educación, para divulgar el conocimiento de los centros docentes y las condiciones de la vida en los principales países. 3.º Un patronato de estudiantes que secunde la iniciativa privada, auxiliando el envío de jóvenes al extranjero por cuenta de las familias. 4.º La creación de centros de investigación científica, organizados dentro y fuera de España, como medio de que los pensionados en el extranjero puedan continuar su preparación, y los que aspiren a salir, comenzarla reunidos, con los elementos que el país ofrezca, en un trabajo práctico y personal. Hay hasta ahora constituidas tres agrupaciones: el Centro de estudios históricos, el Instituto nacional de ciencias físico-naturales y la Escuela española de Roma para Arqueología e Historia. 5.º El fomento de las instituciones de carácter educativo, para mejorar en todos los órdenes de la vida de nuestros escolares. Se ha abierto ya en Madrid la primera Residencia de estudiantes donde estos hallan favorables condiciones higiénicas, morales e intelectuales, dentro de un régimen de sana libertad»[38].

La lealtad, la imparcialidad confesional y el sincero patriotismo con que la Junta de Pensiones y de Investigaciones científicas ha aplicado los referidos principios de elevación cultural, han sido reconocidos por la mayoría de los conspicuos de la política, sin distinción de matices. Aprobaciones valiosas ha merecido también de nuestros más brillantes escritores, entre los cuales fuera imperdonable olvidar al cultísimo y ecuánime crítico Gómez Baquero, cuyas elocuentes conferencias de Portugal versaron precisamente sobre las funciones de la Junta y los resultados alentadores obtenidos. Conscientes de que se deben a una obra esencialmente nacional, los miembros de la susodicha Corporación, a la hora de proponer pensiones u otorgar becas de trabajo, no disciernen otros colores que los gloriosos de la española bandera, que son también los mismos de la aurora espiritual por todos anhelada.

Colaboradores humildes de dicha Institución, no debemos justipreciar su labor. Fuera, además, harto prematuro. Séanos lícito, sin embargo, olvidarnos por un momento de nuestro insignificante concurso, y apreciar objetivamente los resultados. Repetimos que es todavía temprano para hacer el arqueo de los valores logrados. La semilla dará fruto solamente dentro de algunos años. La justicia obliga, empero, a confesar que, no obstante la timidez e irresolución con que el Estado y en su nombre la citada Junta han procedido, hanse recogido cosechas estimables. Por de pronto, en la nueva generación, el tipo mental del maestro declamador y meramente comentarista disminuye visiblemente, y de día en día aumenta el número de revistas científicas nacionales, de laboratorios y seminarios de investigación y de entusiastas profesores entregados a pesquisas originales. Puntualicemos un poco.

Por lo que toca a la Biología, contamos ya con un plantel de laboratorios cuyas investigaciones son conocidas y apreciadas en el extranjero, donde algunos de ellos han explicado cursos y dirigido laboratorios. Diversas revistas alemanas, inglesas y nacionales, y singularmente los Trabajos del Laboratorio de Investigaciones biológicas y el Boletín de la Sociedad española de Biología, registran sus interesantes comunicaciones. Solo en la Revista citada de mi Laboratorio (Trabajos del Laboratorio de Investigaciones, etc., años 1912 a 1923), han sido publicadas por alumnos o profesores pensionados más de 50 monografías originales, algunas con descubrimientos de primera fuerza.

Los naturalistas, laboriosos como siempre, aunque lentos todavía en adoptar ciertos métodos de estudio (histológico, embriológico, etológico y psicológico), han acrecido cualitativa y cuantitativamente su rendimiento. Aparte las comunicaciones insertas en el Boletín de la Academia de Ciencias, cada día son más interesantes las que ven la luz en los acreditados Anales de la Sociedad española de Historia Natural. La creación de la Comisión de Investigaciones paleontológicas y prehistóricas ha dado también opimos frutos. Sus doctos y activos profesores, adoctrinados por ilustres especialistas franceses y alemanes, nos han redimido del bochorno de que nuestra Península constituyera, en lo tocante al arte e industria prehistóricos, exclusivo campo de explotación de sabios extranjeros.

Grandes esperanzas nos hacen concebir también los físicos, químicos, matemáticos e ingenieros llegados recientemente de Alemania, Holanda, Bélgica y Francia. Algunos de ellos se han ilustrado ya con importantes investigaciones en parte publicadas por la Junta de Pensiones, y en su mayoría insertas en la joven Revista de Física y Química. Hasta los matemáticos, tan flemáticos y apocados antes, han fundado, por fin, un Seminario y una Revista, donde hallan estímulo y publicidad sus estudios, de cada día más originales y profundos.

Brillante y copiosa es también la pléyade de juristas, historiadores, filólogos y psicólogos, etcétera, que han importado de Alemania el secreto de la investigación positiva y exacta. Obrador y cauce para sus actividades en crescendo, es el Centro de Estudios históricos y los libros numerosos que la Junta de Ampliaciones de estudios da a luz periódicamente. Con satisfacción se advierte que la nueva floración de sociólogos, humanistas, críticos literarios, historiadores y lingüistas, han abandonado el cómodo proceder del impresionismo, tendencionismo y declamacionismo, para sentar serena e impersonalmente doctrina propia sobre datos de primera mano, documentos y cifras. El cuadro en conjunto es consolador y abre al patriotismo español perspectivas luminosas.

No nos ofusque, empero, tan alentador resultado. Convengamos en que el fruto logrado es deficiente aún, y harto inferior a nuestra potencialidad productiva. Avanzamos a paso de tortuga, cuando necesitaríamos velocidades planetarias. Consuélanos solamente el considerar que los bienes logrados, aunque mezquinos, corresponden aproximadamente a la importancia de los esfuerzos.

Causas notorias, oportunamente pregonadas por espíritus clarividentes, explican la modestia del éxito logrado.

Sobre las principales de ellas séanos permitido exponer brevemente algunas reflexiones:

1.ª Escasez de las pensiones.— El método del pensionado en el extranjero, bueno como norma educadora, solo puede rendir frutos suficientes cuando se le aplica en grande escala, sin timideces ni recelos, y en la persuasión de que la mayor parte de la semilla habrá irremisiblemente de perderse. Satisfechos podríamos quedar si, de los 90 o 100 pensionados actuales, lográranse ocho o diez obreros útiles a la elevación cultural del país[39].

Pero el número de 80 a 90 pensionados entre profesores, doctores, ingenieros, médicos, naturalistas, abogados, historiadores, filólogos, artistas, pedagogos, etc. (cifra que representa un máximo con relación a otras anualidades), constituye cantidad irrisoria y casi despreciable, si se tiene en cuenta nuestro atraso y la largueza y decisión con que proceden en este punto otras naciones. No nos hagamos ilusiones. Nuestro país necesita ser reformado radicalmente de alto a bajo, hostigando y estimulando al amodorrado cuerpo social hasta la entraña misma. Para tan intensa fermentación son necesarios cientos y acaso miles de pensionados, legiones de jóvenes decididos a arrancar a Europa el secreto de su grandeza y a infundir un nuevo espíritu en todas nuestras relajadas instituciones docentes y administrativas[40].

2.ª Escasez del tiempo de pensión.— En Italia, y en casi todas las naciones de producción científica accidentalmente aminorada, las pensiones en el extranjero duran tres años, en vez de uno o medio, salvo prórroga, según es costumbre entre nosotros.

Nuestro tiempo de pensión es harto insuficiente. Exceptuados los profesores cultos y habituados a la investigación, que visitan los laboratorios extranjeros con la mira de dominar un nuevo método de estudio, o de profundizar, al lado de sabio ilustre, algún tema especialísimo, la duración del pensionado debe prolongarse tres años o, por lo menos, dos. A nadie se le ocultarán los motivos justificativos de tal plazo, y menos a los encargados del magisterio docente, conscientes como somos de la deficiente preparación técnica, y del casi ningún conocimiento de idiomas de la inmensa mayoría de nuestros doctores y licenciados. Durante el primer año, el pensionado invierte casi todo su tiempo en perfeccionarse en la lengua y en familiarizarse con los métodos de trabajo; solo más adelante puede emprender labor útil y penetrar en la intimidad espiritual del maestro.

3.ª Escasa edad e insuficiente preparación técnica del candidato.— He aquí dos importantes causas de esterilidad del pensionado, consecuencia fatal de un estado de cosas que ni la Gaceta ni la Junta de Pensiones serán poderosas a corregir por ahora. El candidato a pensión está mal preparado, porque la inmensa mayoría de nuestros maestros lo están también, y suele carecer de la madurez mental indispensable, por culpa de leyes que, de acuerdo con los íntimos anhelos del padre de familia, obligan a las fábricas del Liceo y de la Universidad a lanzar apresuradamente al mercado social sus inconsistentes hechuras.

Salvo precocidades excepcionales, la vocación constituye estado de alma tardío, resultado del tanteo divergente de las fuerzas mentales y de la prueba objetiva de las propias aptitudes. Por regla general, esta clara conciencia de la vocación surge desde los veinticinco a los veintiocho años, aunque sobre este punto nada seguro quepa establecer. De todos modos se corre grave riesgo de perder tiempo y dinero, enviando al extranjero mozos de veinte a veinticuatro años, ignorantes de sí mismos y sin gustos ni vocación bien definidos.

En su atolondramiento, muchos de ellos toman por aptitud científica el ansia aventurera de viajar o el deseo de adquirir, por cuenta del Estado cierta cultura general de buen tono; y cuando por obligación del cargo visitan laboratorios y asisten a cursos, van animados más bien de curiosidad novelera y de conocer la fisonomía moral y anecdótica del maestro, que del afán de empaparse profundamente en el espíritu de la escuela.

Cuando se pregunta a los extranjeros conocedores de la organización docente española acerca de las causas de nuestra flojedad productiva, la contestación es tan unánime como justa:

«La Universidad extranjera —dicen— recibe de la enseñanza secundaria hombres hechos, con una base científica y literaria muy sólida; mientras que la Universidad española se nutre de mozalbetes irreflexivos, sin formación mental suficiente y casi totalmente desprovistos de conocimientos sólidos en matemáticas, física, química, historia natural, lenguas vivas y filosofía»[41]. Este grave mal ha sido también deplorado por muchos de nuestros maestros, singularmente por André, en cuyos libros (señaladamente en el titulado La mentalidad alemana) se hace crítica luminosa y justa de nuestra defectuosa organización universitaria.

Defecto es este imputable más que a las leyes, a nuestros impacientes padres de familia, que solo se preocupan de que su hijo obtenga un título profesional con el menor gasto posible de tiempo y de dinero. «Lo que no sepa (dicen ellos), ya lo aprenderá después...» Y, en efecto no lo aprenden casi nunca.

No está en las atribuciones de la Junta de Ampliación de estudios pensionar, como decía cierto ingenioso político, a los cabezas de familia para que aprendieran fuera de España el arte de ser padres cabales; pero fuera deseable que a la hora de proponer candidatos tuviera muy en cuenta dicho factor de esterilidad, rechazando (salvo excepciones justificadas) a todos los intonsos doctores y licenciados menores de veinticinco años, sin vocación consolidada ni preparación técnica elemental suficiente.

Colegios españoles en Londres, París y Berlín.— Aunque no somos entusiastas de este procedimiento aconsejado por Costa, no vemos inconveniente en que se le ensaye, creando en Cambridge, Leipzig o Múnich algún colegio español, donde numerosos becarios cursen, según los métodos modernos, tanto la enseñanza secundaria o de Liceo, como la universitaria o superior. Entre otras ventajas, este método de precoz trasplantación tendría la valiosísima de modelar la voluntad y el carácter en la época en que el ambiente social, los deportes, etc., obran con mayor eficacia educativa, y la no menos importante de ofrecer desde el principio a las juveniles inteligencias un pasto intelectual suculento y sano, en lugar de la memorista y superficial instrucción servida, salvo excepciones, en nuestros Institutos y Colegios de segunda enseñanza. Solamente nos detendría el temor de que este método, aplicado de modo global y sin selección a cerebros en agraz, impusiera al exhausto Tesoro español dispendios muy desproporcionados con los resultados.