La superstición y el crimen
En su notable estudio sobre la Antropología Criminal en Filipinas, dice el Doctor Sixto de los Ángeles (pág. 119): “La fácil credulidad, fomentada por el sobrecultivo del fanatismo religioso, ha constituído desde un principio y hasta el presente uno de los defectos, por desgracia bastante extendidos aún, entre los naturales del país * * *. Amante de sus tradiciones y hábitos heredados, y falta de suficientes oportunidades para adquirir conocimientos, la masa popular filipina tiene que aferrarse, como es lógico y natural, a sus creencias, las que, por no requerir ningún esfuerzo para su comprehensión, se agravan y se arraigan de una manera espontánea en su mente. Como lo demuestran nuestros anales judiciales, la superstición ocupa una categoría notable entre los factores de la criminalidad en el país.” Las supersticiones a que alude el Dr. Ángeles no son tan sólo las de la antigua gentilidad de los filipinos que los misioneros, después de más de tres siglos, no han logrado destruir completamente. Las supersticiones a que se refiere en esta conferencia son las traídas por esos mismos misioneros y que han logrado fácilmente hacer penetrar en la conciencia filipina, dispuesta naturalmente a la credulidad, por medio de la propaganda eficaz y generosamente esparcida en las novenas y otros libritos llamados de devoción.
Como hasta la llegada de los americanos la enseñanza en Filipinas fué siempre y exclusivamente religiosa, y dirigida por los sacerdotes romanos, la persistencia de antiguas supersticiones son una demostración del fracaso de la educación religiosa. Tendrían por excusa los misioneros culpar a la rudeza invencible del filipino, que podríamos admitir por cortesía y para evitar discusiones. Pero lo grave no es que ellos no pudieron quitar algo de la supuesta cabeza dura del indio, sino el tremendo caudal de supersticiones que durante más de tres siglos, esos misioneros han hecho penetrar en esa misma cabeza con tan grave perjuicio para su mentalidad y su moralidad.