Simplezas de algunos santos

Este miedo loco al demonio es causa de algunos errores como el mencionado en el siguiente milagro (Novena de San Vicente, pág. 18). “En Trayguerra, oyendo un mozo simple predicar a San Vicente la fealdad del demonio, pidió a Dios se le mostrase para reñir con él. Sucedió pasar una pobre vieja, muda de nacimiento, muy fea y mal vestida, que llevaba una hoz en la mano. Juzgando el mozo que era el demonio, acometióla furioso, quitóla la hoz y la segó manos, orejas y narices. Gritaba la afligida mujer, como por muda no podía dar voces, daba aullidos y entonces el simple le acuchillaba, diciendo: Vengan y verán cuál pongo al diablo.” Creer que Dios permitió semejante infamia, es un grosero insulto a Dios. Es cierto que el acto lo ejecuta un mozo simple; pero es más simple la obra del Santo en hablar de la fealdad física del demonio, cuando, según todos entienden, el demonio es un espíritu.

“En Taulada, dice la Novena (pág. 21), pasaban dos moros por delante de una imagen de San Vicente, uno se quitó el sombrero, el otro no. Presto lo pagó: porque al instante, sin saber de quién, le dieron tal bofetada, que cayó en tierra, le dió una calentura y de ella murió.” Es admirable cómo se supo que fué una bofetada, y no pudo ser más cruel el milagro, no tanto por la insignificancia de la falta, como por tratarse de un moro que ni creía ni entendía la superstición cristiana.

Un devoto que recurre a Santa Filomena, le pide su protección contra el demonio (Novena, pág. 22) y dice: “Satanás como león hambriento, dá vueltas a la redonda; sus ministros se animan unos a otros para derribarme, yo con mi flaqueza soy también enemigo de mi misma alma * * *.”

Como he dicho, las novenas sirven para implorar la misericordia divina usando la intervención de un Santo o de la Virgen, y para conseguir una necesidad o un simple capricho en la vida.

Nada más alentador como tener noticia del origen de la novena de San Antonio de Padua que “se dice fué revelada por el mismo Santo * * * y los devotos pueden hacerla con gran confianza de alcanzar por su intermedio lo que desean.” (Novena a San Antonio, Manila, 1909, pág. 5.)

“El mismo San Antonio reveló a una devota suya el modo de hacerla” (pág. 6).