XIV.
Brásidas toma la ciudad de Torone por capitulación y la de Lécito por asalto.
En este invierno los megarenses volvieron a tomar el largo muro que los atenienses les habían ganado primero y le derribaron.
Brásidas, después de la toma de Anfípolis, partió con su ejército hacia la llamada Acte, que está en una montaña nombrada Atos, y en la que comienza el canal real. La montaña se prolonga hasta el mar Egeo, a la costa del cual están asentadas muchas ciudades, como son Sane, habitada por los andrios, y situada junto al canal, en la parte de la mar, enfrente de Eubea, Tiso, Cleonas, Acrotoos, Olofixo y Dío, habitadas por gentes de diversas naciones, bárbaros que usan dos lenguas y en parte de calcídeos, mas principalmente de pelasgos y tirsenos que antes habitaron en Lemnos y en Atenas, y también de bisaltios, crestonios y edonios que moran en algunos lugares de aquella región. Todas estas ciudades se rindieron a Brásidas. Porque Sane y Dío le hicieron resistencia, robó y taló su tierra, y viendo que no las podía sujetar, partió de allí y fue derechamente contra la ciudad de Torone, en tierra de Calcídica, que tenía el partido de los atenienses; esto hizo a solicitud de algunos ciudadanos, con quien tenían inteligencias, y que le habían prometido facilitarle la entrada. Caminó toda la noche, de manera que antes que amaneciese llegó al templo de Cástor y Pólux, que dista de la ciudad cerca de tres estadios, sin que ningún ateniense de los que estaban dentro para guarda de ella lo pudiese sentir, ni menos los ciudadanos, excepto los que estaban en la conspiración, de los cuales, algunos, seguros de su venida, metieron en la ciudad siete soldados de los suyos, que no llevaban otras armas sino sus espadas; estos siete no temieron entrar sin sus compañeros, que serían hasta veinte, a quien Brásidas había encargado este hecho bajo el mando de Lisístrato de Olinto. Metidos estos siete soldados en la ciudad por la muralla que está hacia la mar, subieron de pronto a una alta torre asentada sobre un collado, mataron a los que estaban para guarda de ella y rompieron un postigo situado a la parte de Canastreo.
Entretanto, Brásidas, con su ejército, se iba acercando más a la ciudad, y para esperar el éxito de esta sorpresa envió delante cien soldados muy bien armados que estuviesen dispuestos a entrar tan pronto como viesen alguna de las puertas de la ciudad abierta, y la señal que los de dentro les habían de dar. Llegaron estos secretamente hasta cerca de los muros, y entretanto los conspiradores de la ciudad se prepararan para, con los siete soldados, poder ganarla y que les abriesen una puerta del mercado, rompiendo las trancas. Oyendo esto los cien soldados que estaban cerca, mandaron a algunos de ellos dar una vuelta a las murallas, y metiéronlos dentro por el postigo que primero fue roto a fin de que los que no sabían nada de esta empresa, viéndose acometer súbitamente por delante y por las espaldas, fuesen más turbados, y después hicieron la señal de fuego que habían concertado con Brásidas, metiendo los que quedaban de los cien soldados por la puerta del mercado.
Cuando Brásidas vio la señal, caminó con lo restante de su ejército lo más apresuradamente que pudo hacia la ciudad, haciendo gran ruido para espantar más a los habitantes, entrando unos por las puertas que hallaron abiertas y subiendo otros por los andamios apoyados al muro por una parte que estaba arruinado y en reparación. Cuando estuvieron todos dentro, Brásidas se dirigió a lo más alto de la ciudad, y de allí por todas las plazas y calles a fin de apoderarse de toda ella.
Viendo esto los ciudadanos que no conspiraban, procuraron salvarse lo mejor que podían, mas los participantes en las inteligencias se unieron a los lacedemonios. De los atenienses que estaban en el mercado por guarda de la ciudad, que serían cincuenta soldados, unos fueron muertos estando durmiendo; otros, oyendo el ruido, se salvaron por tierra, y otros dentro de dos naves que estaban en el puerto para guarda de él, huyendo a Lécito, donde había otra guarnición de atenienses, y de pasada tomaron el castillo de una ciudad marítima que estaba en un seno del istmo o estrecho. Con ellos partieron muchos ciudadanos de Torone, los que eran más afectos a los atenienses.
Amaneció estando toda la ciudad por Brásidas, quien mandó pregonar a son de trompeta que todos los que se habían retirado con los atenienses pudiesen volver seguros, recobrar sus bienes y haciendas y usar y gozar del derecho de ciudadanos como antes. Por otra parte, mandó a los atenienses que estaban en Lécito, que saliesen, porque aquella villa pertenecía a los calcídeos, permitiéndoles salir salvos con su bagaje. Pero respondieron que no saldrían, y demandaron a Brásidas un día de término para sacar sus muertos, el cual les otorgó dos, durante los cuales fortificó sus fuerzas, y también los atenienses las suyas. Además, mandó reunir los ciudadanos de Torone, y les dijo casi lo mismo que a los acantios, a saber: que no era razón que los que habían tenido con él conciertos para meterle en la ciudad, fuesen reputados por malos ni traidores, pues que no lo habían hecho por dádivas ni dineros, ni por poner la ciudad en servidumbre, sino en libertad, y por el bien y procomún de todos los ciudadanos, y asimismo que no era razón que los que no habían sido participantes de estos tratos y conciertos, fuesen por eso privados de sus bienes y haciendas, porque no había ido allí para destruir la ciudad ni perjudicar a ningún ciudadano, sino por librarles de servidumbre, y por ello había mandado decir a los que se fueron con los atenienses que podían volver a gozar como antes de sus haberes, para que todos supiesen que la amistad de los lacedemonios, cuando la probaran, no era de peor condición que la de los atenienses, y se aficionaran a seguir su partido, hallándolo por experiencia más justo y conforme a razón. Y que si al principio tenían algún temor por no haber aún experimentado la naturaleza y condiciones de los lacedemonios, ahora les rogaba fuesen en adelante sus amigos y confederados buenos y leales, porque si, después de esta amonestación, cometían alguna falta o yerro serían culpables y dignos de castigo, lo cual no habían sido hasta entonces, sino aquellos que por fuerza les tenían en sujeción por ser más poderosos que ellos, y que si hasta la hora presente habían sido adversarios de los lacedemonios, la razón obligaba a perdonarles.
Con estas y otras palabras semejantes amonestó Brásidas a los toronenses, y cuando los dos días de las treguas pasaron, fue contra Lécito, creyendo tomarla por asalto, porque los muros eran muy flacos, y en alguna parte labrados de madera; mas los atenienses se defendieron valientemente el primer día e hicieron retirar a los lacedemonios. Al siguiente, Brásidas mandó acercar un aparato para lanzar fuego dentro de la villa cerca del muro que era de madera, y viendo esto los atenienses construyeron en seguida una torre de madera sobre el muro frente al aparato, y pusieron en ella muchos toneles llenos de agua con instrumentos para echarla, y también muchas piedras, mas por el gran número de gente que subía a la torre, cayó súbitamente a tierra, y del ruido que hizo al caer, los atenienses, que estaban cerca tuvieron más pesar que espanto; pero los que estaban más lejos, creyendo que la villa fuese ya tomada, huyeron hacia la mar para meterse en los navíos anclados en el puerto. Entonces Brásidas, viendo que habían desamparado el muro, les combatió por aquella parte y tomó la ciudad sin gran dificultad, matando a todos los que salieron al encuentro, aunque una parte de los atenienses se salvó dentro de los navíos y fueron a Palene.
Brásidas había mandado pregonar antes del asalto a son de trompeta, que daría treinta minas de plata al primero que subiese al muro. Mas conociendo que la ciudad había sido tomada antes por gracia divina que por fuerzas humanas, ofreció aquella suma al templo de la diosa Palas, que estaba en aquella ciudad, y con este dinero fue reparado el templo destruido cuando se tomó la villa, con los edificios que después Brásidas reedificó. Lo restante de aquel invierno lo ocupó en fortificar las plazas que tenía y guardarlas de los enemigos.
Fue el octavo año de esta guerra.