XVIII.

Intentan los peloponesios tomar por sorpresa el puerto del Pireo, y no lo logran.

Antes que la armada de los peloponesios partiese de Corinto y del golfo de Crisa, Cnemo y Brásidas y los otros caudillos, por consejo de los megarenses, a comienzo del invierno, intentaron tomar el puerto de Atenas llamado Pireo, el cual no estaba cerrado ni guardado, porque los atenienses, por ser más poderosos por mar que las otras naciones, no temían que hubiera quien se atreviese a entrar en su puerto. Fueron de parecer que cada marinero, con su remo y atadura y una piel de las que ponen debajo cuando reman, fuese a pie por tierra desde Corinto hasta la mar que está frente a Atenas; y desde allí fueran todos en compañía a Mégara, lo más pronto posible, y del lugar de Nisea, donde está las atarazanas de los megarenses, sacasen cuarenta barcos, dirigiéndose con ellos apresuradamente hacia el puerto del Pireo, donde no había naves de guardia, ni vigilancia, a causa que los atenienses nunca sospechaban este mal, porque jamás había acaecido que nave alguna de enemigos aportase allí en descubierto, ni por asechanzas que no se advirtiesen.

Con este consejo, los peloponesios se pusieron en camino, y llegados que fueron de noche a Nisea, se embarcaron en las naves que allí hallaron, e hicieron vela navegando hacia el Pireo sin temor de cosa alguna, aunque tuvieron el viento algo contrario, según dicen. En el cabo de Salamina, hacia Mégara, había un fuerte que guardaban algunos soldados atenienses, y por bajo, en la mar, dos o tres galeras, que estaban allí para estorbar que pudiese entrar ni salir nada de la villa de Mégara. Este fuerte lo combatieron los peloponesios y tomaron las galeras que hallaron vacías, llevándolas consigo. Asimismo, algunos de ellos entraron en la villa de Salamina antes que fuesen sentidos, y la robaron y saquearon. Pero entretanto, los que estaban dentro del fuerte y se defendían, encendieron fuegos para hacer señal a los de Atenas de la venida de los enemigos[58], lo cual asustó más a los atenienses que cualquier otro suceso en aquella guerra, porque los que estaban en Atenas pensaban que ya habían tomado el Pireo, y los del Pireo creían que, tomada Salamina, no restaba sino que los enemigos viniesen a conquistar también a ellos, como, a la verdad, pudieron hacer sin peligro, si no hubieran tardado, y el viento no se lo estorbara.

Los atenienses, queriendo socorrer a los suyos de Salamina, salieron de mañana todos de Atenas, sacaron las naves que había en el Pireo, embarcáronse muy apresurados y con gran bullicio, y fueron hacia Salamina con la mayor diligencia que pudieron, dejando algunos hombres de a pie en el Pireo para su guarda. Cuando los peloponesios advirtieron su venida, adelantáronse a meter los despojos y los prisioneros de Salamina dentro de sus naves, y hecho esto, con las tres galeras que habían tomado en el puerto del castillo de Búdoro, volvieron a Nisea por no estar muy seguros de sus naves, que a causa de haberlas tenido mucho tiempo en seco en las atarazanas, les parecía que no estaban buenas para sufrir la mar. Llegados que fueron a Nisea, desembarcaron y se fueron por tierra a Mégara, y de allí a Corinto.

Los atenienses, cuando llegaron y vieron que los enemigos habían partido, se volvieron a Atenas, y en adelante fortalecieron más su puerto del Pireo, así de muros como de guardas.