XVIII.

Los atenienses toman a Mende y cercan a Escíone. — Sucesos que ocurrieron al finalizar aquel año.

Al volver Brásidas de Macedonia a Torone halló que los atenienses habían ya tomado la ciudad de Mende, y considerando que no tenía fuerzas para defender a Palene, si los enemigos la combatían, quedó en Torone para guarda de ella, porque durante el tiempo que estuvo con Pérdicas, los atenienses habían salido para ir en ayuda de los lincestas contra Mende y Escíone. Iban con cincuenta naves muy bien dispuestas, entre ellas diez de Quíos y llevaban mil hombres bien armados de su tierra, seiscientos flecheros de Tracia, otros mil soldados extranjeros y algún número de soldados armados a la ligera, siendo capitanes Nicias, hijo de Nicérato, y Nicóstrato, hijo de Diítrefes.

Partidos de Potidea, cuando llegaron cerca del templo de Neptuno tomaron la vuelta de Mende. Los de la ciudad al saberlo salieron armados al campo con trescientos hombres de Escíone y la gente de guarnición de los peloponesios, que serían en todos hasta setecientos, al mando de Polidámidas, y asentaron su campo sobre una montaña que les parecía lugar bien seguro. Aunque Nicias con ciento veinte soldados de Metone, sesenta atenienses de los más escogidos y todos los flecheros hizo lo posible para desalojarlos, pensando subir por algunos senderos de la montaña, fue tan maltratado a golpes que tuvo que retirarse y Nicóstrato que también quiso subir por otra parte con el resto del ejército fue puesto en tanto desorden, que poco faltó para ser vencido y deshecho aquel día todo el ejército de los atenienses. Viendo que no habían podido rechazar a los de Mende se retiraron a su campamento que tenían delante de la ciudad y los de Mende se refugiaron durante la noche en la ciudad.

Al día siguiente los atenienses fueron a correr la tierra de Escíone, robaron todos los lugares y destruyeron lo que había en el campo en torno de la ciudad mientras duró el día sin que los de dentro osasen salir porque había alguna discordia entre ellos.

A la noche siguiente los trescientos escionios que estaban dentro de Mende volvieron a sus casas. Venido el día, Nicias, con la mitad de su ejército, volvió a recorrer la tierra de los escionios, y Nicóstrato, con lo restante, se alojó ante las puertas de la ciudad. Polidámidas reunió a los ciudadanos y cierto número de soldados peloponesios; arengó su gente de guerra, y la puso en orden de batalla para salir contra los atenienses, mas uno de los de la ciudad le contradijo, diciendo que no había necesidad de salir ni combatir con ellos, lo cual excitó la ira de Polidámidas, que le hirió malamente. Viendo esto los de la ciudad no lo pudieron sufrir más y tomaron las armas contra los peloponesios, y contra los que estaban con ellos, y estos, viendo la furia de los ciudadanos, empezaron a huir, así por temor de aquellos como de los atenienses, a quienes abrieron las puertas. Dudando los peloponesios que fuese por trato entre ellos, se retiraron los que pudieron al castillo de que se habían apoderado antes. Los atenienses entraron en la ciudad, porque Nicias había ya vuelto de su correría, y la saquearon, pretendiendo que no les habían abierto las puertas por común acuerdo y determinación de todos, sino por acaso de fortuna, o por inteligencias particulares, y aun con todo esto tuvieron los capitanes harto que hacer en impedir a los soldados que matasen a todos los que hallaban dentro. Apaciguado este ruido, los capitanes mandaron a los ciudadanos que volvieran a tomar el gobierno de la villa según antes lo tenían, y que hiciesen justicia de los que habían sido causa de la rebelión.

Pasado esto fueron a cercar a los que se habían acogido al castillo, y para ello hicieron unos muros que llegaban hasta la mar por todos lados, poniendo allí su gente de guarda para que no pudiesen salir, y después partieron con el resto del ejército hacia Escíone, pero los de la ciudad les salieron al encuentro con los soldados peloponesios que tenían consigo, y se alojaron sobre un cerro cerca de la muralla, porque sin tomar este no podían buenamente poner cerco a Escíone. Los atenienses les acometieron tan denodadamente que hicieron desalojar el cerro, y por esto levantaron trofeo allí en señal de victoria; después reconocieron la ciudad por todas partes con determinación de cercarla, pero estando ocupados en la obra, los peloponesios sitiados en el castillo de Mende, salieron de él de noche, y a pesar de los que les tenían cercados, pasaron por la parte de la mar, y los más vinieron por medio del campo de los atenienses, de tal manera, que se metieron en Escíone. Entretanto Pérdicas por despecho contra Brásidas hizo tratos de paz con los capitanes atenienses, según tenía determinado desde la hora en que Brásidas partió de Lincesta, y con una banda de tesalios que tenía consigo, de la que se había servido en la guerra pasada, porque Nicias, capitán de los atenienses, le rogó que al declararse amigo de estos les hiciese algún servicio señalado, intentó vedar a los peloponesios la entrada en su tierra, y rehusó dar paso a Iscágoras, capitán lacedemonio, que traía el ejército de los peloponesios por tierra para unirse a Brásidas. Además le vedó que cogiese a sueldo ningún soldado tesalio; no obstante esto, Iscágoras, Aminias y Aristeo, enviados por los lacedemonios a Brásidas para saber el estado en que estaban sus cosas, pasaron por Tesalia, y se unieron a este con toda la gente que traían, y aunque por ordenanzas de la ciudad, estaba prohibido que los que tienen cargo de guardar alguna plaza no la encomienden a otra persona, dieron la guarda de Anfípolis a Cleáridas, hijo de Cleónimo, y la de Torone a Pasitélidas, hijo de Hegesandro.

En aquel verano los tebanos derribaron el muro de Tespias, acriminando a la ciudad que tenían tratos e inteligencias con los atenienses, y aunque mucho tiempo antes lo tenían determinado, entonces les fue más fácil hacerlo, porque en la batalla que habían tenido contra los atenienses murieron casi todos los jóvenes de Tespias.

En el mismo verano se quemó el templo de la diosa Juno, en la ciudad de Argos, por culpa de Críside, su sacerdotisa, la cual, yendo a encender una lámpara que estaba junto a la corona de la diosa, se adormeció de tal manera, que antes que recordase, fue todo abrasado; por razón de lo cual, temiendo que los argivos le hiciesen algún mal, huyó de noche a Fliunte, y los argivos, siguiendo sus leyes y ordenanzas, la privaron del cargo, poniendo en su lugar otra sacerdotisa llamada Faínide, aunque Críside había presidido en aquel templo los ocho años y medio que duraba la guerra.

Al terminar el verano, habiendo los atenienses cercado a Escíone de muros por todas partes, pusieron buena guarnición en ellos y volvieron a Atenas.

El invierno siguiente pasó en paz entre atenienses y lacedemonios, por causa de las treguas, mas los de Mantinea y los de Tegea, teniendo cada cual sus amigos y aliados en su ayuda, libraron empeñada batalla junto a Laodocio, en tierra de Oréstide, siendo la victoria incierta, porque el ala derecha de los de la una parte y de la otra fue desbaratada y puesta en fuga, por lo cual, ambas partes levantaron trofeo en señal de victoria, y enviaron a ofrecer los despojos que habían ganado al templo de Delfos. Hubo muchos muertos de unos y otros, y antes que se pudiese conocer quién llevaba la mejor parte los separó la noche, quedando los de Tegea en el campo, y levantando trofeo en el mismo lugar, y retirándose los de Mantinea a Bucolión, levantando también su trofeo frente del de sus contrarios.

Al fin del invierno Brásidas intentó tomar por traición la ciudad de Potidea, teniendo algunas inteligencias con los de dentro, y llegando de noche hasta la muralla preparó sus escalas para subir antes que los ciudadanos lo pudiesen oír, porque sus espías le dijeron que cuando se mudasen las centinelas, al que le cabía la guarda frente a la muralla, partiría de allí para ir a otro lado, lo cual había de entender Brásidas por el sonido de una campanilla que tocaría el que estaba en guarda al mudar los centinelas. Así se hizo antes de llegar el nuevo centinela y fueron puestas las escalas, mas en el momento de escalar, les oyeron los de dentro, viéndose forzado a retirarse con sus tropas aquella misma noche.

Esto ocurrió el invierno de aquel año, que fue el noveno de la guerra que escribió Tucídides.

FIN DEL TOMO PRIMERO.