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(Año de 1555.)—Relacion y estrago que los franceses cosarios hicieron en la villa de la Abana e puerto della dirigida a la S. C. C. M. del Emperador y nuestro Señor, e a los muy altos e muy poderosos señores Presidente e oidores de su real Consejo de Indias para que S. M. sea advertido de todo lo que ha sucedido conforme a esta dicha relacion quel Cabildo desta dicha villa le envia para que S. M. con brevedad provea en el puerto lo que más convenga a su servicio.—(Colec. Muñoz, t. LXXXVII, fol. 184.)

En 10 de julio pasado deste presente año de 1555, miercoles, rompiendo el alba, pareció detras del Morro deste puerto una carabela latina, e vista por la guarda que en él estaba, puso luego una bandera en el dicho Morro, como lo acostumbraba hacer siempre que parecia vela en la mar, e luego vista la dicha bandera por el alcaide Juan de Lobera, hizo poner en lo alto de la torre otra, y tiró un tiro de artilleria para que ocho ó nueve hombres que estaban nombrados para acudir á la fortaleza, se recogiesen a ella, e para que toda la demas gente questaba en el pueblo y en los alrededores estuviese prevenida y avisada que había vela en la mar, el cual aviso siempre se acostumbraba a dar en la dicha fortaleza cada e cuando que parecia vela, y ansi mismo hizo tocar atambor á recojer, bien descuidado de lo que despues sucedió, e de ahi a poco el Gobernador llegó acaballo con algunos vecinos e se apeó en la fortaleza e preguntó a el alcaide que que navio podria ser aquel que parecia, y él le respondió que no tenia nueva que navio fuese, y emproviso, estando mirando hacia la boca del puerto fue pareciendo una caravela latina e pasando por fuera costeando el puerto, en la cual no pareció gente nenguna y echáronse muchos juicios diciendo que era del Nombre de Dios de un Alonso Gomez, que muchas veces solia venir a este puerto, y en este medio tiempo algunos acaballo habian acudido por la costa adelante a tomar lengua y saber que caravela era, e vieron que la dicha caravela se metia mucho en tierra en una caleta un cuarto de legua abajo deste puerto, e que echaba gente en tierra con una barca grande y otra pequeña, e la gente que echaba era armada con coseletes y arcabuces, con sus banderas tendidas y atambores, con su capitan, que habia nombre Jaque de Sores, luterano, y la gente que desembarcó y echaba en tierra serian poco menos de doscientos soldados en buena orden, y con su capitan comenzaron a marchar por un camino que de la dicha caleta viene por el monte, bien encubierto, a salir a la plaza deste puerto, donde salió el dicho capitan con su gente sin contradicion alguna, sin haber quien se lo resistiese ni estorbase el desembarcar ni la entrada.

E visto por los de acaballo, que habian ido por la costa a reconocer que eran enemigos, vinieron a mas correr de sus caballos por la costa hasta que llegaron a la fortaleza, dando voces al Gobernador que en ella estaba con el alcaide, diciendo que eran franceses y que habian desembarcado en tierra doscientos hombres armados. E sabido por el Gobernador que eran enemigos, porque asi se lo habian dicho, muy apriesa y bien turbado se salió de la fortaleza sin hablar palabra al alcaide, que le dejó de parecer no estaba muy seguro en ella, como despues se vió, y dejó al alcaide solo, porque los que allí estaban se salieron acaballo con él, y él se entró por una calle del pueblo derecha a su casa, a poner en cobro su hacienda, mujer e hijos, e luego se salió huyendo y sacó algunos de acaballo consigo, sin haber quien le echase de su casa e pueblo, sin ver si eran amigos ó enemigos, e no paró por tierra hasta una estancia legua y media de aquí, ques de Juan de Rojas, y allí paró un poco acaballo, e los que con él iban le dijeron que porqué dejaba sola la fortaleza y artilleria, e respondia que luego volveria con socorro de gente, e luego pasó adelante a un pueblo de indios que se dice Guanabacoa, tres leguas deste puerto, donde su mujer y hijos y hacienda estaba ya en salvo, e aunque algunos vecinos, entre los cuales fue un Pero Blasco, regidor de aquí, le dijeron e dijo que porque desmamparaba el pueblo, que no parecia bien que se saliesen tan arrebatadamente, que mejor seria que se recojesen todos á una estancia de un vecino de aquí, que se dice Diego de Soto, questa bien encubierta y secreta, un cuarto de legua deste puerto, en la cual estaba platicado entre él y el cabildo y vecinos deste pueblo, que en habiendo algun rebato, si se saliesen del pueblo desbaratados se juntarian todos en la dicha estancia, e desde allí volverian sobre el enemigo, si necesario fuese, e muchos vecinos, con mas de cincuenta personas de negros y indios estubieron allí recogidos aguardando al Gobernador, y él lo hizo muy al reves de lo que estaba comunicado y platicado, pues no paró hasta tres leguas deste puerto, e como todos los demas de los vecinos vieron que se habia ido huyendo y no se habian juntado allí, cada uno procuró de ponerse en cobro y hacer lo mismo que él hizo, y algunos que quisieron esperar o recojerse juntos, los llevó y sacó consigo para guarda de su persona por llevar mas seguridad, y como faltó la cabeza, se erró todo, que fue harto mal.

E luego el alcaide Juan de Lobera, visto que eran enemigos y el Gobernador le dejaba encorralado, hizo tirar otro tiro grueso para que se recojese alguna gente a la fortaleza para guardar el artilleria que tenia puesta en un baluarte para defensa del puerto, y con él se recojeron en la torre cuatro arcabuceros y hasta otros diez o doce hombres, entre españoles, mestizos y negros, sin otras personas, viejos, mujeres y niños, que se habian entrado a mamparar y socorrer a la torre y terraplen, pensando que les aprovechaba, porque los enemigos franceses estaban ya apoderados en todo el pueblo y en cuatro piezas de artilleria questaban puestas en un bestion en la marina, cerca del puerto, de Juan de Rojas, y estaban saqueando y robando todo cuanto en él hallaban, asi casas como iglesias, hasta el Santisimo Sacramento y custodia dél, porque no hallaron quien se lo impidiese y resistiese. Y el alcaide con buen ánimo se comenzó en la torre y terraplen aparejar, recelándose de lo que sobrevino, y tocó al arma, haciendo muestra que tenia resistencia, y peltrechose lo mejor que pudo, como buen capitan, segun la posibilidad de gente y fuerza que tenia, dando a entender que no tenia en nada a los enemigos, e luego que desde la torre los vió apoderados en el pueblo y en las cuatro piezas de artilleria que en el baluarte estaban, las cuales habian dejado desmamparadas, determinó descrebir una carta al Gobernador con un vecino de aquí que se llamaba Martin Ruiz, diciéndole en ella la flaqueza que se habia hecho en desmamparar el pueblo, y pues que lo pasado no tenia remedio, remediase lo porvenir, para que luego aquel dia o aquella noche diese socorro a la torre y artilleria, pues sabia la poca posibilidad de resistencia que dentro habia para resistir el poder de los enemigos, que estaban apoderados en el pueblo y en las cuatro piezas de artilleria, y que si el socorro no se daba con alguna gente de indios y negros y españoles, que se aventuraba a perder mucho, e luego con el mismo vecino le tornó el Gobernador a responder a su carta diciendo en ella que tuviese cierto quel daria el socorro aquel dia antes que anocheciese, porque no habia salido del pueblo a otra cosa, que bien sabia que en la tardanza podia suceder algun peligro, y tan mal cumplió lo que estaba comunicado de antes, como en dar el socorro, pues no le dió, que fue cabsa de todos los daños que sucedieron en la fortaleza y artilleria y otros mayores, porque si le diera aquella noche el socorro, los enemigos quitaran el sitio que tenian al terraplen, y no se perdiera ni sucediera otros muchos males que sucedieron, como en adelante se declaran.

Viendo el capitan frances Jaque de Sores, luterano, questaba apoderado en el pueblo y en las cuatro piezas de artilleria questaban en el baluarte en la marina, luego a la hora embió a requerir al alcaide con un hombre de aquí, que se llama Oliver, que tenia preso, que le diese la torre y artilleria sin combatilla, porque si se la resistia a él y a los que con él dentro estaban, les cortaria las cabezas y moririan mala muerte, y el alcaide le respondió al faraute que traia el recabdo, quel tenia aquella artilleria por S. M. y que no la daria, sino que procuraria de defendella, y que no pensase tomalla tan a su salvo como tomó el pueblo y la otra artilleria. Y vuelto con la respuesta el Oliver al capitan frances, lo que el alcaide le dijo, improviso imbió otro faraute, capitan suyo español que se decia Juan de Plan y apartado de fuera de la muralla, a voces dijo que queria hablar al alcaide, y un soldado de los que en la torre estaban, le respondió a voces que qué queria, y dijo que le dijese que se parase entre un almena de la torre, que le queria hablar, y el alcaide se paró entre un almena y le dijo «qué quieres», y el frances ó español le respondió que fuese bien criado, que al enemigo no se le habia de decir ruines palabras, y el alcaide le respondió, que ruines palabras y ruines obras, las cuales pasaron por manera quel capitan le requirió de parte del frances que le dejase el artilleria y se saliese, que no le hobiera sido malo segun despues le sucedió, porque de prisioneros que el frances había tomado en el pueblo estaba informado que dentro no habia gente que lo defendiese, ni era fuerza ni plaza para poderse defender, que bien sabia que dentro no tenia peltrechos algunos para defenderse, y que mirase que no diese cabsa a que muriese él y todos los que con él estaban, y con algunas palabras ruines se despidieron a voces altas, el alcaide desde arriba, y el capitan buen trecho apartado afuera de la muralla, y el alcaide le dijo que bien conocia fieros de franceses, y no lo fueron, segun despues pareció, y con este desprendimiento, un soldado de los arcabuceros enemigos tiró un arcabuzazo al alcaide, que a no desviarse tras una almena, lo matara, y luego emproviso llegaron hasta 50 arcabuceros con algunos coseletes e pusieron sitio a la muralla e puerta della y comenzaron a batilla y a ojear los de arriba, por ganar la puerta primera de la muralla, que era dos tapias en alto, y el alcaide con cuatro arcabuceros que en la torre tenia, se la defendió y fueron bien servidos, de suerte que por entonces no se entró ni ganó la puerta ni muralla, y de ahi a media hora se retiraron los enemigos afuera, e luego pareció por la boca del puerto una gran barca con alguna gente, que era la que habia salido de la caravela en tierra, y el alcaide la hizo retirar con el artilleria y la hizo salir fuera y no dió el socorro a los suyos, y de ahi a otra hora vino otro escuadron de arcabuceros y coseletes a tomar sitio donde lo habia tomado la primera vez, y ansi mismo la combatieron con el arcabuceria, y el alcaide se la tornó a defender mejor que primero, haciéndoles con los cuatro arcabuceros algun daño en los suyos, por donde les convino tornarse a retirar otra vez, como primero lo habian hecho. Y acabada esta segunda bateria que seria a las tres de la tarde, asomó una nao gruesa de tres gavias y la caravela latina en que habian desembarcado, detras del Morro, en la boca del puerto con sus banderas y estandartes, y viendo el alcaide que la dicha nao y caravela que acometian el puerto y entraban por la boca del, que era la francesa que los enemigos habian dejado en la mar, la comenzó a combatir con el artilleria gruesa con harta priesa, y combatiéndola la hizo tornar a salir fuera del puerto mal parada, e les impidió la entrada, de suerte que no pudieron dar socorro a los suyos questaban en tierra. Y visto por los enemigos que la gran barca y nao y caravela no habia tomado puerto, y el alcaide los habia combatido y echado fuera, salió luego un escuadron de los enemigos junto a la marina con una bandera, la cual con una muy gran grita la pusieron en un tejado de la hermita cerca de las casas de Juan de Rojas, y el alcaide hizo jugar el artilleria que sirvia a la tierra e hizo desbaratar el escuadron y quitar la bandera que tenia puesta encima de la hermita.

E viendo los enemigos que con ninguna cosa de las que habian intentado no habian salido, en cuanto tomar el artilleria y el puerto, y que en todo habia llevado lo peor, siendo ya tarde, dos horas antes que anocheciese, el capitan frances hizo escuadron de toda su gente de arcabuceros, piqueros, coseletes, con bandera tendida, con sus atambores, vinieron por una calle derecha hacia la puerta de la muralla, con toda su gente tornó a poner sitio la tercera vez donde las otras, y a combatir la torre con toda el arcabuceria, y viendo el alcaide que venia determinado el escuadron, hizo jugar dos piezas de artilleria que servian a la tierra y con ellas les hizo algun daño antes que llegasen a tomar amparo con la muralla de las dos tapias en alto, y ansi combatiendo la puerta para entrar y el alcaide con los cuatro arcabuceros defendiendo la dicha muralla y puerta todo lo a él posible, aunque no fue parte para resistir a los enemigos que no echasen fuego a la puerta de la muralla, que era de tablas bien secas, y la cual quemaron con ciertas bombas de fuego y alquitran y serones de brea, por manera que presto con los géneros de fuego, ardió, que no tardó una hora que no estuviese quemada toda, e luego probaron por ella a entrar, que junto con las esquinas de la muralla pusieron sus escalas, que traian para aquel menester, porque un piloto traidor portugues que se llamaba Pero Bras, y un mozo extranjero que habian tomado en la carabela latina, que saltaron en tierra, que habian estado en este pueblo un año y fueron los que le vendieron, y dellos venia el frances bien informado y avisado como la fortaleza no era nada ni tenia resistencia ni gente que la defendiese, y otras cosas de que se informó segun bien claro despues pareció; estos dos traidores y espias fueron todo el daño desta tierra, como ladrones de casa.

Y puestas las escalas probaron a entrar y subir las dos tapias en alto por algunas partes, aunque el alcaide de la torre les hacia harta resistencia y se les dió buenas ruciadas con los cuatro arcabuceros, mas al fin no fue parte para empedilles la entrada, aunque no fue tan a su salvo, que fue con pérdida y daño de su gente; el alcaide les mató nueve hombres y despues les hirió catorce bien malamente, y a él le mataron dos arcabuceros de los cuatro que tenia, y le hirieron otros dos de muerte, y al dicho alcaide le dieron dos arcabuzazos bien venturosos, sin hacerle mucho daño, porque era tanta el arcabuceria de los enemigos de abajo, que no habia hombre de los questaban en la torre e algunos que estaban en el terraplen que se asomase ni pudiese descubrir sin muy gran peligro y daño, porque nenguno era señor de asomarse, especialmente en el terraplen, que no habia reparo nenguno para poder ofender a los enemigos que fuera estaban.

Y entrado los enemigos en el cortijo de dentro, se apoderaron con la torre y las murallas, de suerte que no se les podia hacer daño con las dos piezas de artilleria que servia a la tierra, ni con las demas que guardaban y servian para la mar y boca del puerto; por manera que con ningun arma sino era piedra no se les podia ofender. Y apoderado el frances dentro, como decimos, con la demas parte de su gente probó a poner fuego a la puerta de la torre, que era de madera bien seca y feble, con los artificios de pólvora y alquitran y brea con que habia quemado y volado la otra, y aunque el alcaide y dos soldados que con él habian arriba quedado, con mucha piedra que en la torre habia se lo defendieron todo lo posible, de suerte que por entonces no hubo efeto de quemarse la puerta, sino que luego de ahi a poco no fueron parte para resistirsela, aunque los enemigos lo hicieron con algun daño de los suyos, segun a la mañana pareció por algunos heridos, aunque a coseletes no hace mucho daño la piedra; por manera que luego comenzo toda la puerta de la torre a arder con gran impetu sin se poder remediar por de dentro, aunque el alcaide habia prevenido questuviesen algunos abajo que echasen agua y tierra a la puerta para apagallo, y él abajo a toda priesa a hacello apagar, con un español e tres negras, e con mucha tierra que se echó y con seis pipas de agua questaban en la torre, que se gastaron en quererlo apagar, no fue posible que luego todo el sobrado, que era de tabla, e todo lo alto de la torre habia volado y estaba ardido y quemado sin ningun remedio, asi todo lo que dentro estaba, la ropa del alcaide y de su mujer y hacienda, como todas las demas municiones, sin que se sacase ni escapase cosa alguna, sino fue alguna pólvora quel alcaide hizo sacar al terraplen donde estaba el artilleria que a no tener aviso de sacalla mas breve, se quemara y volara la torre, y el alcaide con un soldado que se llamaba Rodrigo Martin, y otro mozo, se pasaron de la torre questaba casi quemada al dicho terraplen donde estaba el artilleria, con harto peligro de su persona, porque algunos de los que estaban en el terraplen, no pensaron sino que se habian quemado, e no se sacó al dicho terraplen ballesta ni arcabuz, porque de seis arcabuces buenos que en la torre habia, que parecian que aprovecharian de algo al alcaide, se le habian rompido los tres combatiendo, porque eran algo viejos y estaban pasados del mucho tiempo que habia questaban alli; por manera que no sacó de la torre al terraplen sino las armas con que estaba armado y una partesana en las manos, y aunque algun arcabuz ó ballesta saliera en el terraplen, no habia hombre que la supiese tirar, porque si lo hubiera, desde el principio el alcaide los hubiera subido a la torre y desde el principio se aprovechara dellos en todas las baterias y el alcaide preguntó en el terraplen que arcabuces y ballestas habia, y no se halló en todo el terraplen sino una ballesta que tenia un vecino de aqui, que se decia Joan Jinovés, e con ella dijo que no tenia saetas nengunas, porque las habia despendido, que en no haber en el terraplen arcabuceros para defender el artilleria fue todo el daño y perdicion, aunque todavia con las dos piezas de artilleria que sirvian a la tierra, ojeaba a los enemigos la una parte de las murallas que parece que duró la ultima bateria de las tres que aquel dia y noche se dieron, hasta tres horas despues de media noche, que fue harto segun la posibilidad que habia, que no se pensó jamás hubiera tanta resistencia, e pasada parte desta bateria, luego los enemigos desvergonzadamente se subieron por las murallas de las dos tapias en alto y tomaron y cercaron todas, y por ellas andubieron y andaban los coseletes y arcabuceros jugando con su arcabuceria, que no habia nadie de los questaban en el terraplen que fuese señor de asomarse a mirar las murallas, e todavia el alcaide hacia jugar el artilleria que servia por la una parte e tocar el atambor de arma falsa para hacer entender a los enemigos que todavia habia fuerza y resistencia en el artilleria, porque no tomasen tanto coraje en haber quemado la torre y tomado las murallas ni andar tan desvergonzadamente por ellas, aunque bien debian de ver que pues no les ojeaban dellas como de antes lo habian hecho, no habia de haber en el terraplen mucha resistencia, pues no habia nenguna con que podellos ofender. E visto el alcaide que en el terraplen no tenia reparo ni arma de arcabuz ni ballesta para ofender ni defenderse de los enemigos que le tenian quemada la torre e tomadas todas las murallas con el artilleria no servia para podelles hacer ningun daño, y quel socorro quel Gobernador habia escrito que le daria no se lo habia dado ni dió, viose bien perdido, porque quemada la torre no habia medio de defender el artilleria, especialmente no habiendo con que ni gente, aunque con todo esto tuvo harto ánimo e hizo tocar muchas veces el atambor y disparar alguna artilleria e tañer una corneta para que todavia el Gobernador e algunos de la tierra viesen que aunque habia sucedido todas las baterias, estaba por nosotros todavia el artilleria, e tambien para que los enemigos no tomasen ánimo e conociesen que no habia punto de desmayo de nuestra parte, y fuera tan bueno y provechoso el socorro a aquella hora, que con solo una grita que se diera a los enemigos por las espaldas de las murallas, que se pudiera hacer bien al salvo, fuera parte para que quitaran el sitio y descercaran el artilleria por entonces, porque estaban los enemigos con perdida de muertos y heridos e bien cansados del trabajo del dia y noche, y pequeño socorro que entonces se diera hiciera gran provecho al alcaide. Y visto que le faltaba y que no habia poder para resistir, y que le tenian encerrado en el terraplen y algunos que con él habian quedado daban gritos diciéndole que se diese ó se saliesen por las murallas por las espaldas del terraplen, como algunos lo hicieron, y que dejasen el artilleria porque no muriesen alli todos quemados e todas las mujeres e niños e viejos que se habian entrado a socorrer alli, porque si alguna bomba de las que echaban de fuego, diese en la pólvora questaba descubierta, todos se abrasarian y quemarian en el terraplen, y él les respondia que no hubiesen miedo, e otras veces les respondia que antes habian de morir todos quemados que dejar el artilleria de su Magestad, e que no podia tardar el socorro quesperaba, que fue todo el daño en no dársele, que se pudiera muy bien hacer, porque aquella noche les habia enviado Juan de Rojas una fragata con cantidad de negros suyos de la otra parte del ancon donde habian de venir todos a embarcarse para que en ella y en canoas se diese el socorro para venir por las espaldas a echar la gente tras el terraplen, sin que de noche fueran vistos de los enemigos. Y el Gobernador, sabido que la fragata estaba esperando para embarcar la gente, embió a mandar que se volviese, que por entonces no habia lugar de ir, que fue harto mal.

Y una hora antes que amaneciese, un soldado de los que tenian tomadas las murallas, despues de haber dado una ruciada de arcabuceria comenzó a decir de parte del capitan frances, a voces, que porque no se daban a partido; que que pensaba hacer; el artillero que se decia Per Andres questaba con el alcaide, comenzó a hablar con este soldado en aleman, que no se hizo mucho provecho, segun despues se supo; segun pareció el Per Andres dijo al soldado que en el terraplen no habia arcabuz ni ballesta ni vitualla ninguna, e que no habia arma con que pelear. Esto puso mucho ánimo a los enemigos y el alcaide como oyó la plática y no entendia la lengua alemana, saltó con este traidor del artillero diciendole que que platicas eran aquellas; que no hablase mas palabra, que lo mataria, como lo quiso hacer, e ya estaba hecho el daño, y el artillero volvió al alcaide y dijo que lo que le decia que no era cosa que importaba nada, salvo quel soldado venia de parte del capitan frances questaba a la esquina de la muralla amparado con ella, con un escuadron de gente, e que venia a decir que dejase el artilleria y se diese a partido, que bastase el daño que de entramas partes habia habido, pues no tenia remedio de sustentar, y el alcaide oyó quel Per Andres, artillero, le dijo, no pensando que habia dicho al soldado frances otra cosa. Luego hizo tocar el atambor de arma falsa y tirar algunas piezas de artilleria para que los enemigos de fuera no pensasen que estaban desmayados los de dentro, lo cual lo estaban harto, porque trataban unos entre otros que no querian pelear, ni habia armas con que, y decian al alcaide que si él queria morir, que muriese, aunque todo esto no era parte para dejar de mostrar el ánimo que era justo en tal caso se requeria, y aunque viendo que era casi el alba y no le habia dado el Gobernador el socorro que le habia prometido, y que la gente que en el terraplen con él estaba, que serian hasta quince personas entre españoles y negros y indios y mestizos, y algunas mujeres, niños y viejos, que todos los mas eran inútiles para pelear, porque eran gente que se habia entrado a mamparar alli, e todos desmayados, e hicieron muchas lamentaciones diciendo al alcaide que en el terraplen no habia armas ni pan ni agua ni carne ni remedio para poderse sustentar ni defender, ni esperanza de socorro, como despues pareció, y quel partido quel capitan frances les habia embiado a voces a decir con el soldado, le habia el alcaide de pedir a él, por la extrema necesidad que tenian, viendose cercado y encorralado de sus enemigos en el terraplen, y quemada ya toda la torre y todos los enemigos tomadas las murallas y habiendole muerto y herido los que podian pelear, puestas las escalas al terraplen por muchas partes, y con muchas bombas y artificios de fuego, y sin esperanza de socorro. Ya que rompia el alba, tornó el dicho alcaide hacer tocar atambor e tirar dos piezas de artilleria, y los enemigos que alrededor estaban dieron muy grande grita diciendo que se diese, que no tuviese remedio de socorro, y el artillero Pero Andres e cuatro ó cinco de los que en el terraplen estaban, que al parecer se pensó que fuera para algo, vinieron a hablar a Rodrigo Martin, soldado dicho, para que hablase al alcaide de parte dellos para que dejasen el artilleria y se saliesen a su salvo, y el soldado no se lo osó decir al alcaide, sino que todos juntos llegaron a él diciendole que les dejase salir del terraplen, que no permitiese que muriesen alli todos, pues via que no tenian remedio ni defensa nenguna, ni arma con que pelear, y los enemigos de fuera. Ya que queria aclarar el dia comenzaron a jugar de su arcabuceria y a dar grandes voces y alaridos diciendo que porque no se daban, y el alcaide se llegó, como oyó las voces, hacia una esquina del terraplen donde estaba un paredoncillo con un portillo que habian hecho y dijoles a voces que querian, y le respondieron unos soldados, que hablaban bien español, diciendole de parte del capitan, porque no se daba a partido, porque si aclaraba bien el dia todos habian de morir malamente, y cierto, nenguno escapara. El alcaide dijo que muriese, que para eso estaban alli, e se quitó, e luego de ahi a poco se tornó a poner en el dicho portillo que tenian hecho los enemigos, sin esperanza de nengun remedio, e preguntó por el capitan en alta voz, y el frances le respondió que queria; y él le dijo que que le queria a él, y el frances dijo; quereros dar a partido; el alcaide le respondió que que partido; el frances le dijo en alta voz, questaba en la esquina de la muralla, mamparado él y alguna parte de su gente con ella, que con el partido de la vida a él y a todos los que con él estaban, porque habeis combatido y defendido como buen soldado; y el alcaide le dijo que habia de ser sin rescate; el frances dijo que si, sino era mercader. E pasadas estas platicas el alcaide quiso jugar a dos itos si le aprovechara, porque si pensara quel socorro no le habia de venir, tenia determinado e ordenado de cargar todas las piezas de artilleria hasta las bocas, con dos o tres balas cada una, e sembrar toda la polvora que en el terraplen tenia, por todo el terraplen, e romper toda el artilleria e quemar toda la pólvora porque los enemigos no se aprovechasen dello, y pudiera hacer esto muy a su salvo, y saliesen él y todos los que en el terraplen estaban, por las espaldas del terraplen, sin mucho daño e peligro de sus personas; mas no se atrevió a hacer esto que tenia pensado, por el esperanza que tuvo del socorro, porque siempre pensó que le viniera, e fue mal pensamiento, y considerado si se le diera el socorro y el hobiera rompido el artilleria y quemado la municion fuera mal caso habello hecho, y a esa causa no osó hacer lo que tenia determinado, y segun despues sucedió, valiera mas habello hecho, porque los enemigos no se aprovecharan del artilleria.

Y el frances tenia su gente por sus escuadrones bien en orden por las murallas e por las esquinas dellas y por alrededor del terraplen, siendo ya el dia claro, viendo el alcaide todo lo que habia sucedido e que ya no habia lugar de hacer lo que tenia determinado en el romper del artilleria porque ya era de dia, y no se podia salir con su determinacion en salirse del terraplen sin ser vistos de los enemigos, determinó de tomar el mejor remedio, que fue confirmar el partido questaba hecho, porque la gran necesidad le constriñó a ello. El capitan frances entró en el terraplen armado con su coselete, espada y daga y una alabarda, y con él muchos soldados de coseletes y arcabuceros, e por fuerza se apoderó en cuatro piezas de artilleria, porque otras dos, que eran seis, se habian rompido combatiendo, y puso su bandera sobre el artilleria y pidió al alcaide que le diese la suya, e jamas se la quiso dar, y el capitan e muchos soldados llegaron por fuerza e la quitaron donde estaba puesta, e despues desto, el frances preguntó al alcaide que donde estaba el tesoro del Emperador y el cofre que tenia la moneda, porque siempre, segun se dijo despues, habia pensado que habia alli gran cantidad de moneda de Su Magestad, segun se le habia defendido aquella plaza y artilleria, y tambien porque las guias que traia le habian hecho entender que habia alli gran cantidad de dinero, de las naos que se habian perdido en la Florida, que segun despues dijo el frances, questa habia sido la prencipal cabsa porque se habia aventurado á tomar este pueblo; y el pensamiento que tuvo le salió muy al reves, quel alcaide le dijo que Su Magestad no tenia aqui dinero nenguno, porque cuando se lo llevaban iba con muy grande armada. El francés vió en el terraplen un escritorio pequeño del alcaide, con unos papeles que aquel dia habia metido alli, e luego le hizo descerrajar, e no halló en él sino fueron papeles e una sortija de una esmeralda del alcaide, que la tomó e metió en el dedo, e luego en otra caja halló plata labrada del alcaide, cantidad de marcos, e la tomó, e cierto, el frances pensó que en aquella presa quedaba rico y el pensamiento le salió al reves, pues no halló alli otra cosa que robar sino lo que tomó al alcaide.

Luego ya que tenia preso al alcaide y algunos que con él estaban y algunas mujeres y niños, determinó de salirse luego del terraplen con un escuadron de soldados, e se fue a las casas de Juan de Rojas, con alcaide y prisioneros, e alli se hizo fuerte, porque el terraplen no era fuerza ni conveniente para estar seguro, segun le pareció. Llegado a las dichas casas, se subió a lo alto dellas con algunos soldados prencipales, y todos se desarmaron e hubo buena gira; e otro dia adelante entro su nao e la caravela e la gran barca, y entraron harto mas seguras que el dia antes, quel alcaide los habia ojeado y desbaratado, e hecho que no tomasen puerto, e viendo queste dia no les habian combatido ni empedido la entrada del puerto, entraron seguros, porque ya el alcaide estaba preso, e despues dentrados, de regocijo jugaron mucha artilleria, y hubo de los de la parte de la mar y de los de la tierra, gran regocijo.

Pasó esto: otro dia de mañana el frances hizo echar todas las mujeres, niños y viejos y algunas negras que con el Alcaide habia preso, e les dió libertad para que se fuesen donde quisiesen, sin hacerles agravio ni mal tratamiento ni daño nenguno, que lo hicieran al Alcaide y algunos prisioneros que tenia, sino por algun temor que despues de habelles dado libertad volveria el Alcaide y ellos a hacelles algun daño, y tambien porque pensó que despues de haber suelto los prisioneros, si los soltaba, no le querian rescatar el pueblo, que era lo que entonces pretendia, y dijo al Alcaide que escribiese al Gobernador diciéndole de su parte como él estaba apoderado en el pueblo e puerto e artilleria, e que de todo ello era señor; que determinase de rescatar el pueblo, porque de otra manera, si no lo queria rescatar, que lo quemaria y arrasaria y abatiria por tierra, como lo hizo, y el Alcaide escribió luego la carta al Gobernador con el artillero Pero Andres, questaba preso, al cual le dió libertad, al él y a otro vecino, Martin Ruiz, sobre la palabra del Alcaide, que mas valia que no se la diera, y en la carta decia lo que habia sucedido en aquel dia y noche antes pasada, y diciéndole en ella cuan mal lo habia hecho en no habelle dado socorro, y que por su cabsa se habia perdido todo, y aun le escribió la flaqueza que se habia hecho en haberse desmamparado el pueblo, que habia sido muy gran cobardia, y otras muchas cosas, segun por la carta pareció, y ansi mesmo que hiciese traer alguna comida para aquellos prisioneros, y otro dia a hora de medio dia, el Gobernador le respondió a la carta diciendo que tan poco remedio habia a envialle de comer, como habia habido en dalle socorro, y que para tratar el rescate del pueblo era necesario quel capitan francés diese seguro a un fraile Dominico questaba aqui, que se llamaba Fr. Alonso de Ulloa, el cual fue cuchillo y principio de todos los daños y muertes que despues sucedieron, y al fin, Fraile habia de ser. El capitan frances embió luego el seguro firmado de su nombre, como el Gobernador por su carta lo pedia, y se asentaron las treguas de una parte y de otra, y entre tanto quel Fraile entendia en el rescate del pueblo y vino con la mesma seguridad tres dias arreo a tratar con el capitan frances de parte del Gobernador, al cual le hizo el frances buen tratamiento y reverencia, y el primer dia que fue a tratar en ello llevó comision del Gobernador que diesen de rescate por el dicho pueblo mill pesos, y otro dia llevó en comision mas larga fue dos mill pesos, el frances le respondió la última vez que era poco el rescate para tan buenas casas y tan buen pueblo, y entretanto que se trataba y entendia en este rescate, el Fraile y el Per Andres, artillero, y el Martin Ruiz andaban de una parte a otra con la seguridad dada a tregua asentada, y el Alcaide dada la palabra por la parte del Gobernador, como él se lo habia escrito. En este medio tiempo comenzó el Gobernador a juntar gente despañoles, negros e indios y mestizos, todos los mas que pudo, que fueron doscientos y ochenta personas, y sin comunicarlo con el cabildo ni tomar parecer de nadie del, sino por su propia cabeza, quiso hacer esta guerra al frances; fuera justo que pues para cosas que otras cosas no suelen importar nada, se juntaba con este cabildo y tomaba parecer dellos, mas necesario fuera hacerlo para esto que tanto importaba, y tanto iba en ello, que no rejirse e gobernarse desatinadamente solo por su cabeza, que fue cabsa de todo lo que sucedió.

E juntas estas doscientas y ochenta personas, y miércoles en la noche, dos horas antes que amaneciese, que fue ocho dias despues que se combatió la torre y se prendió el Alcaide, vino el Gobernador con toda esta gente en los enemigos franceses en alba, los cuales halló bien descuidados y divididos, porque el capitan se habia hecho fuerte en las casas de Juan de Rojas, como digo, con cosa de setenta soldados, porque los demas estaban repartidos por la nao y en la artilleria del terraplen que habian tomado, muchos dellos alojados en las casas del pueblo, y el Gobernador con toda esta gente cercó la casa de Juan de Rojas, donde el frances estaba con hasta setenta soldados, como dicho es, e antes que llegasen a la dicha casa con gran trecho, fueron sentidos de los enemigos que dentro estaban por la gran grita y el ruido que traian; por manera que despertaron los que dentro estaban bien seguros, por la seguridad que el Gobernador habia dado al capitan frances, y conociendo los gritos de fuera, tuvieron tienpo de cerrar la puerta, que la tenian abierta, y el Gobernador y su gente comenzó a hacer daño matando algunos de los franceses questaban por las casas alojados, y algunos heridos de la saeteria de la torre, que valiera mas tomarlos a prision, pues los enemigos tenian prisioneros, especialmente algunos que sobre su palabra salian de las casas, otorgándoles las vidas, despues los hacian matar, y esta guerra no era usada ni buena; bien pareció quel que la mandaba hacer habia visto pocas, pues al rendido hacia matar. Ya que no se entró por la puerta que estaba abierta, ni osaron entrar, pudieran hacer otro provecho, que fuera tomarles todas las velas, que las tenian en tierra en el hermita, con solos tres grumetes que las guardaban, y ansí mismo dos piezas de artilleria que tenian puestas en la placeta de Juan de Rojas, en las bocas de las calles, que no las guardaba nadie. Ni lo uno ni lo otro no tubieron ánimo para hacer, que fue harto mal, porque con solas las velas o dos franceses de los que mataron, si los tomaran a prision, se rescatara el pueblo y artilleria, y toda la presa que los enemigos tenian en su poder, porque no habia en la nao otra vela ninguna, sino las questaban fuera, y uno de los dos soldados que mataron era un capitan, debdo del general Jaque de Sores, y el otro era el barbero, que a ninguno destos dos por ninguna cosa dejara el capitan. Y el debdo del capitan salió de una posada sobre la palabra del Gobernador, y en saliendo de la casa le hizo matar, habiendo salido sobre seguro, y fue una cosa bien fea y dañosa para los prisioneros questaban dentro, ansí de los questaban presos con el Alcaide, como de otros que habian tomado en dos ó tres bateles que habian entrado por la boca del puerto.

Viendose el capitan frances cercado del Gobernador y de toda su gente, con las voces que vinieron dando y daban, fueron sentidos y comenzaron a tocar al arma, y luego los de fuera dieron muchas voces diciendo que todos habian de morir y pasar por filo despada, como lo habian hecho a los que habian hallado por las casas, y estas palabras y otras soberbias que de los de fuera se dijeron, fueron cabsa de harto mal y de la crueldad quel frances hizo dentro de casa en los prisioneros que tenia, porque como entendió que los de fuera mataban los suyos y no los tomaban a prision, como él tenia a los suyos, dijo a voces que era muy mala guerra, y luego bajó de lo alto a lo bajo de la casa, donde tenia los presos, diciendo que pues los de fuera habian muerto los suyos e no tomado nenguno a prision que no dejaria nenguno de los que tenia presos que no matase, pues se le habia hecho e hacia tan gran traicion, y ansi lo cumplió, quentró luego en una cámara donde encerraban de noche todos los prisioneros, porque de dia por ahi se andaban, y los mató á todos, que fue una lástima y crueldad grandísima, cabsada por el Gobernador, por venirles a hacer aquella guerra, que fuera bien escusado, porque viendose quien quiera cercado con enemigos de fuera y enemigos de dentro, hiciera lo mismo quel frances hizo, especialmente habiendole quebrado la palabra y muértole su gente que estaba alojada sobre seguro, y los quel frances mató dentro, en la cámara, fueron treinta y tres personas, ansi de los que habia preso con el alcaide como de los que tenia de los tres barcos que habia tomado, y de la caravela latina que desembarcó, que habia alli algunos, y hecha esta carneceria, la cual lloran hoy dia muchas mujeres viudas, que mataron alli a sus maridos, que era la tercia parte de los vecinos, y quedan sin ellos y sin haciendas y casas. Dios perdone quien fue cabsa de tanto daño y de otros mayores por falta de consejo. Ya muertos estos que digo, el capitan frances se subió arriba a matar al alcaide, que le tenia puestas guardas, con otro capitan e ciertos soldados que le guardaban, e con el espada desnuda en la mano arremetió a él diciendo quel habia sido cabsa de aquella traicion que se le habia hecho en venir sobre él y matar a los suyos, y el alcaide, viendose en lo último de la vida y sin armas, se desvió a un lado, destocada quel frances le tiro, e con mucho ánimo arremetió a él muy recio apretándole los brazos y teniéndole el brazo del espada debajo del suyo, diciéndole que no tenia razon de matalle, pues no sabia el trato de lo que habia sucedido, e todavia lo matara sino fuera por el otro capitan que lo tenia en guarda, que se lo quitó dentro manos y le habia tomado aficion en aquellos pocos dias que habia sido prisionero, y luego el capitan tornó abajo y puso en orden toda su gente que dentro con él estaba, y dejó al alcaide con la misma guarda que se tenia de antes, que siempre se temió mucho del, y de ahi a poco tomó al alcaide por la mano y díjole que se pusiese a una ventana que salia a la placetilla de Juan de Rojas y dijese al Gobernador y a su gente que se retirase, quel alcaide haria el partido. El alcaide se puso luego a la ventana, con algun peligro de los questaban de fuera, y dió voces al Gobernador rogándole con hartas lástimas que se retirasen y que no fuesen cabsa de tantas muertes, y que mirasen que los matarian a todos, a los de fuera y a los de dentro, y quel haria el partido. El Gobernador le respondió que mas valia que muriesen todos, y bien parecia que le dolia poco y tenia puesto en cobro su hacienda, mujer e hijos, que en los ocho dias que habia que se habia salido del pueblo, habia tenido tiempo para ello. Bien habia dicho que muriesen, pues tan poco le costaban las muertes de los que dentro estaban, si con ellas se libertara la tierra, la cual sin ninguna y con poco dinero se pudiera libertar, porque cierto, aquella noche se retiraran, cuando el alcaide se lo dijo, tomara por partido el frances dembarcarse con toda su gente y dejar la tierra, porque pensó que habia muy gran cantidad de gente fuera, e como de noche no la viera, no tuviera atrevimiento de hacer despues lo que hizo, e como se vió que no se retiraban, e que decian de la parte de afuera que se rindiese y otras cosas, y que habian pegado fuego á las puertas de las casas de Juan de Rojas, donde el frances estaba, pensando que le hacian daño, le hicieron provecho, que le dieron claridad para ver los questaban fuera, a los cuales derribaban con el arcabuceria desde las ventanas, e como los mas eran negros e indios, e sin armas, e incapaces de la guerra, poco era menester para matarlos. Pudiérase escusar si se retiraran cuando el alcaide se lo dijo al Gobernador y algunos vecinos se lo dijeron, y ya el capitan frances tenia vista y reconocida la gente que alrededor estaba, porque habia tomado un hacha encendida atada con un cordel y la habia echado por una ventana abajo y habia mirado parte de la gente questaba fuera, e viendo ya la puerta casi quemada, tornó a subir arriba e tomó el alcaide por la mano juntamente con un soldado que se llamaba Rodrigo Martin, e los bajó a la cámara donde estaban los treinta e tres muertos e dijo al alcaide que no se meneasen, porque haria del lo que habia hecho de los que alli estaban, que cierto fue bien temerosa la entrada, segun se dijo despues, porque era gran compasion ver en una cámara pequeña treinta y tres muertos y tanta sangre, y ver espirar alguna parte dellos. Y dejado el frances al alcaide en la cámara encerrado y con guardas a la puerta, y questaba ya acabada de quemar la puerta de la calle y que venia el dia, determinó el frances de salir al Gobernador y a toda su gente con mucho ánimo y con hasta veinte soldados arcabuceros y coseletes, porque la demas gente quedó en guarda de la casa, hecha fuerte, y en saliendo, que salió, la repartió por dos calles, e viendo los questaban fuera de la parte del Gobernador, como los enemigos salian, comenzaron con muy gran tropel a huir, sin hacer nenguna resistencia, y ansi los desbarataron a todos, que no fue mucho menester, y de parte del Gobernador habia cantidad fuera de muertos, quentre españoles, e indios e negros y mestizos fueron cuarenta y cinco los muertos, sin algunos heridos que despues murieron, y este daño se les hizo a los nuestros de los arcabuceros desde las ventanas y azoteas donde el frances estaba, que a haberse retirado cuando se le dijo, se ivitaban todas estas muertes, porque cuando el enemigo salió, en amaneciendo, de la casa, no hizo daño al salir, porque no halló a quien, porque todos habian huido. Todas cuantas cosas han sucedido han sido por cabsa del mal consejo y gobierno, y tambien porque muchas veces la codicia y avaricia suele ser madre de muchos males, y ansi lo fue aqui, porque antes que al frances se le viniese a hacer la guerra que aquella noche se le hizo, andaban entre muchos que venian en compañia del Gobernador y aun del como se habia de repartir todo el oro y perlas que traian de la Borburuata y Cabo la Vela y Santa Marta, y otras cosas que traian, tomadas de la costa de Tierra Firme, e salió tan al reves de lo que tenian pensado, que se puede virificar el refran de «uno piensa el sayo.....» y tambien debió de pensar y pensó el Gobernador de soldar la salida del pueblo y habelle dejado sin ver quien le echaba del, y el no haber dado socorro al alcaide y artilleria. Pensando metigar esto, hizo mayor llaga, pues fue cabsa que muriesen setenta y cinco personas, con las quel frances mató dentro de la casa, que por algunos reclaman hoy dia diez o once mujeres que quedaron viudas, y otros que perdieron sus negros, y los tristes indios acabaron con la libertad que se les habia dado, que fue harta lástima, porque con la mitad que valian los negros que mataron se podian rescatar y rescatara todo el pueblo. Nuestro Señor perdone a quien fue la cabsa de tanto mal.

E sucedido este desbarato despues de haber salido el capitan frances hasta la plaza y no vió a nadie que le resistiese, tornó a la casa donde habia salido, él y aquellos pocos de soldados que con él salieron, se desarmaron e hubo buena jira. Si de los de la parte de fuera hobiera ánimo para volver sobre ellos, pudieran hacer algun daño, porque estaban tan descuidados como primero, e con aquel regocijo de aquella mañana, luego el capitan mandó soltar al alcaide y aquel soldado que con él estaba, e sacándolos de la cámara de los muertos, el francés dijo que tornaba a darle la vida al alcaide, aunque no habia causa porque se la dar, pues que sobre su palabra e sobre las treguas questaban asentadas se le habia hecho aquella traicion, e le habian muerto su gente sobre seguro, e le dijo que se aparejase, que le queria llevar a Francia sino le daba de rescate por su persona seis mill escudos, porque de antes que se le hiciese la guerra él no le habia pedido nenguna cosa de rescate, y pues que con él no se habia cumplido la palabra y treguas que se le habia dado y estaba asentada, no era él obligado a cumplilla, pues con él no se habia cumplido. El alcaide le respondió que no habia sido él cabsa de lo que habia sucedido, ni lo habia sabido, pero todas estas buenas palabras no fueron parte para que dejase de llevar al traste al alcaide dos mill y doscientos pesos por el rescate, sin otros mill e quinientos que en la torre y terraplen perdió, y la mas parte del rescate se allegó entre sus amigos. El ha quedado tal, cual Dios lo remedie, y todo a cuenta de guardar a S. M. cuatro piezas de artilleria que tenia a cargo, que al parecer le fuera harto mejor que las dejara en el terraplen, y no le sucediera tanta pérdida de su hacienda, ni quedara tan perdido como queda, ni pasara por los tragos que pasó.

Y tornado el capitan a la posada, como digo luego, el Gobernador se salió del pueblo e no paró hasta una estancia que se llama Vaynoa, ques catorce leguas de aqui, porque allá tenia mujer e hijos y hacienda, que no habia hecho mal en ponello en cobro, que otros lloran no lo haber hecho como él. E visto el frances que no habia en el pueblo que hacer, embarcó en su nao el artilleria y algunos cueros que aqui habia tomado, e se embarcó con su gente e llevó consigo preso al alcaide, donde le tuvo hasta que se partió deste puerto e se concluyó de dalle los dos mill e doscientos pesos del rescate, y dió licencia y libertad aquel soldado que se llamaba Rodrigo Martin, a él y a su mujer e hijos, sin ningun rescate, e dice que le dijo cuando le echó, que dijese de su parte al Gobernador que lo pasado no tenia remedio y que el habia sido la causa de todos los que habian muerto, por habelle quebrado la palabra; pero que con todo eso, que embiase él y todos los vecinos del pueblo, o que el mismo Rodrigo Martin volviese a ello, porque tan buenas casas y pueblo no se asolase, porque sino, que todo lo abrasaria y quemaria. Tambien dicen que dijo que sino quisiesen, que todos los pobres que viniesen a él, que a nenguno quemaria las casas. El Rodrigo Martin se dispidió con esta embajada, bien contento por la libertad que se le habia dado, y trató con algunos del cabildo, personas prencipales, lo que el frances habia dicho, y no lo pudo tratar con el Gobernador porque se habia ido catorce leguas de aquí, como decimos. El cabildo comenzó a tratar en el rescate del pueblo y escribió al frances manifestando la necesidad questa tierra tenia; pero que con todo esto le embiaban a dar por el pueblo mill pesos y que le rescatarian otros mill pesos de ropa. Dicen que como el frances vido la carta se rió de la burla que del se hacia, diciendo que para rescatar ropa tenian dineros y para rescatar al pueblo no habia nengunos, y tambien se enojó mas porque cuando al principio el fraile, de parte del Gobernador le habia prometido dos mill pesos, y agora abajaban mill de los que le habian prometido. Desto y de otras cosas tomó gran coraje, aunque si le dieran los dos mill pesos que primero le habian prometido, no lo quemara, y como vió la dilacion que con él se tenia e la manera de burla que se le hacia, aunque estubo esperando algunos dias, como vió que no venian, enojado saltó en tierra, del navio, con algunos soldados, y pegó fuego a todo el pueblo, y no dejó casa ni aun iglesia que no abrasó y quemó, y ha sido no menos compasion ver asolado un pueblo que iba creciendo como este, como de las muertes que en él han subcedido, que todo ha sido harto mal y falta de gobierno y consejo, porque viéndose ser la necesidad tan grande que S. M. tiene deste puerto, ansi para sus armadas como para reparo de todas las naos que van destas partes en España, no fue buen acuerdo premetir que a trueco de dos mill pesos se asolara, porque para reedificarse como estaba, será necesario mas de veinte e cinco mill pesos, y será menester mas de diez años para reformarse, ques harto el daño recibido, sin mas de cuatro mill pesos que valian los negros que mataron, e no se verá vuelto el pueblo en si, si V. M. con mucho remedio no lo remedia, porque a cabsa de no lo haber hecho tanto tiempo ha, habia de haber dado orden en acabar esta fortaleza, antes de haber sucedido tan gran daño, porque si V. M. ha de tener Indias, a dichos de todos los que lo entienden, es necesario tener este puerto con mejor recabdo que ha estado hasta aqui, porque a no tenerle, de cincuenta naos que vienen de Castilla a estas partes, sino repararen aqui, muy pocas o nengunas volverian a esos reinos, porque por el gran reparo que suelen tener en este puerto, hacen el viaje sin peligro, y ansi mismo, porquel viaje de la Canal es mas breve y seguro, y pues tan conviniente y necesario es al servicio de V. M. fuera justo quel Gobernador nos primitiera rescatar este pueblo, pues con algunas palabras y con dos mill pesos se rescatará, pues el enemigo con ellos no habia de enrrequecer con lo que llevaba de aquí, pues no llevaba otro provecho sino lo que tomó y rescató al alcaide.

Visto por el frances que ya todo el pueblo estaba quemado y abrasado a cabsa de no haberse rescatado, y que en él no tenia ya que hacer, y que venia el invierno, parecióle que era bien partirse, y hecho fuego a todos los barcos y bateles y canoas que habia tomado, y aun la caravela latina en que habia venido a desembarcar, y parecióle que antes de su partida era bien dar una vista a la tierra, y una noche, con guias, a media noche, fué por tierra dos leguas deste puerto porque le dijeron quel Gobernador y el fraile con algunos vecinos dormian en una estancia que se decia Cojimar, e saliole la suerte en blanco, porque el Gobernador estaba doce leguas de allí, y el fraile y los demas no estaban muy a mano, sino bien puestos en cobro. Esta noche no hizo presa sino fue un hombre pobre questaba herido de un arcabuzazo, y cinco negros y negras, los cuales negros no quiso rescatar de coraje, sino una tarde antes que se partiese los ahorcó en el pueblo, e la mujer e niños del herido que habia tambien tomado, echó en tierra, e llevólo a él consigo, y cuatro dias antes que de aqui saliese, sondó toda esta bahia e medió lo que habia desde el Morro a la Punta, que era la boca del puerto, y desde la Punta a donde estaba la fortaleza, que todo lo lleva por sus trazas, juntamente con toda esta costa e puertos. Del no se supo el fin; bien se debe creer que no es muy bueno si las guerras duran.

Tambien trató antes que se partiese, e preguntó al alcaide y estando presente el piloto traidor portugues que vendió esta tierra, que por donde se podia entrar a la cibdad de Santo Domingo, quel traeria naos y gente para ella. El alcaide dijo que Santo Domingo era muy fuerte, que tenia mucha y muy gruesa artilleria, y la cibdad era cercada y habia en ella mas de dos mill hombres bien en orden, de a pie y de a caballo, y que no pensase que tan fácilmente la habia de tomar como a la Habana, donde no halló gente que le hiciera rostro, y el piloto portugues dicen que estaba delante y contradijo al alcaide, e dijo al frances que le meteria en la fortaleza de Santo Domingo sin que fuese sentido de las guardas ni de nadie, de noche, con sus patajes de remos o barcas, que lo meteria por un postigo o puerta que sale a la mar, y que en la fortaleza no velaban sino cinco o seis hombres, e que por otra parte le haria tomar otra artilleria y con esto cesaron las pláticas. Nadie supo que era su intencion, aunque parece que pocas veces dicen los cosarios lo que piensan hacer. E pasado verdaderamente todo lo que en esta relacion se ha declarado, una noche a media noche, con buena luna, que fue a 5 de Agosto, hizo vela el cosario deste puerto, y al parecer de los de la tierra, llevó próspero tiempo para desembocar. Nuestro Señor sabe lo que hace, pues a un luterano como aquel le mató tanta gente y quemó las iglesias y acuchilló las imagenes y echó por ahi el Santisimo Sacramento y robó la custodia, y otras muchas ofensas que a Nuestro Señor se hicieron, y con todo eso, su Divina Magestad los sustentó y dió vitoria en todo, e buenos tiempos para que navegasen. Su Divina Magestad sabe lo que se hace y porque lo hace.

Salido deste puerto el primer frances, que salió como decimos a 5 de Agosto, pareció postrero de Septiembre en la mar, junto a la costa, donde el primero habia desembarcado, una chalupa con doce franceses de otro cosario questaba en un puerto surto, doce leguas de aqui, que se dice el Marien, la cual chalupa venia a reconocer que habia en el puerto; si habia algun navio o como estaba el pueblo, porquestos no tenian noticia del pasado, e como fue vista la chalupa por algunos que andaban por la costa, llegaron a preguntar que de donde era. Los de la chalupa a voces dijeron que de un navio que venia Despaña, e dijeron que venia por piloto del navio que dejaban en el Marien un hombre bien conocido de aqui, e como esto dijeron, preguntaron ellos como estaba la tierra, y respondieron los de la tierra questaba quemada y abrasada y robada, y luego los de la chalupa, oyendo esto, se hicieron a lo largo a la mar y fueron costeando hasta el Pueblo viejo, una legua deste puerto, y recelándose los de la tierra de ver tornar la chalupa, la fueron siguiendo por la costa hasta que echó el reson en el Pueblo viejo, y de alli les volvieron a preguntar que de donde venia el navio, e cuyo era, e que traia, e los franceses entonces pudieron encubrirse y dijeron como eran franceses y tenian tres naos en el Marien y que no venian hacer daño, sino que querian rescatar mucha harina e vino y otras cosas que traian, que todo era burla, sino por asegurar los que hablaban con ellos. Visto los questaban en la costa que eran franceses, vinieron por la costa apriesa a dar mandado en el pueblo alguna gente que en él estaba, comenzando a reparar algunas casillas de paja en que meterse, y dijeron como la chalupa era de franceses, que no tenia sino doce hombres, y dieran aviso al Gobernador, questaba en Guanabacoa, tres leguas de aqui, de lo que pasaba, para que se juntase alguna gente y no consintiesen salir aquellos doce franceses en tierra, y porque no tomasen una caravela questaba en este puerto cargada con tres mill cueros, que habia entrado en este puerto pocos dias despues quel primer frances se habia ido, y tambien se hizo en esto como se habia hecho en lo pasado, pues que otro dia por la mañana entró la chalupa con los doce hombres en el puerto, y a vista de todos entró en la caravela y la tomó, y parte de la carga que tenia, aunque tres bateles con gente les quisieron estorbar que no la sacasen del puerto, no fueron parte para quitarselo, y en esto se verá la gente y posibilidad que hay en esta tierra, pues al fin se salió con ella y la llevó al Marien, donde tenian dos naos, que la una echaron alli al través, questaba muy desbaratada, e pasaron lo que en ella estaba en esta carabela. Entre tanto que la aderezaban despacharon tres bateles e vinieron a este puerto, y dia de San Francisco, 4 de octubre, bien se debe creer que pues no se resistió los doce franceses primeros, menos se resistirian cincuenta hombres que los tres bateles traian, e comenzaron a saltar en tierra y correr la tierra y buscar muchos cueros questaban escondidos, los cuales recojeron todos e metieron en un barco grande que aqui tomaron y esperaron a las naos questaban en el Marien, las cuales vinieron a este puerto y se acabaron de aderezar, e recojeron todo lo que pudieron, que no quedó cuero en la tierra; e con estos franceses se hizo treguas e se cumplieron harto mejor que con los pasados, que valiera mas con los otros guardalles la seguridad questaba asentada, pues habia mas que perder, que no con estos, que no habia nada, e cieganse entendimientos muchas veces en estos negocios. Rescatose deste frances algunos aceites, e para esto dió al Gobernador licencia, y algunas otras cosas, e algunos negros que habian tomado, que tambien este último frances recorrió la tierra como el primero. E valiera mas haber rescatado el pueblo, que importaba mas al servicio de V. M. que no estas menudencias. Estas naos estuvieron aqui hasta en fin de octubre e se partieron con buenos tiempos. Iban cargadas de hartos cueros y azucar que habian robado en Puerto de Plata y otras partes, y aqui acabaron de cargar con 3.600 cueros que llevaron, y otros daños que hicieron, porque por huir dellos, sabiendo questaban en Marien se perdieron en esta costa un navio que venia de Santo Domingo y otro de la Nueva España, que traia harinas y vituallas, y el otro venia cargado de vinos, que no fue pequeño azar para esta tierra, porque con ello se remediara mucho, porque quedó muy perdida del cosario pasado, y otros mayores daños que se esperan si V. M. con brevedad no remedia este puerto; e el mayor mal que en estas guerras vemos es todos los cosarios que aca han pasado son luteranos y herejes, porque tambien lo eran estos ultimos como los primeros. Nuestro Señor ponga en ello su mano como ve que es necesario, y V. M. provea lo que mas convenga a su servicio, e porque las informaciones de todo esto llevará a V. M. el alcaide Juan de Lovera, no será necesario dar en esta mas larga cuenta, pues no ha sido para otra cosa mas de para relatar el suceso de todo lo que ha sucedido.