EL PLACER DE LA VENGANZA

Un vizcaíno insufrible

por una calle iba andando,

y en una reja, pasando,

se dió un codazo terrible.

Enfurecido, aunque en vano,

volvió a la reja culpada,

y le dió tan gran puñada,

que se destroncó la mano.

Irritóse, y a dos brazos

tomó, sacando la espada,

y allí a pura cuchillada

la hizo en la reja pedazos.

Mas creyéndose vengado

partió, diciendo a su modo:

—¿Manos rompes, quiebras codo?

Pues toma lo que has llevado.