LA CAMPANA Y EL ESQUILÓN

En cierta catedral una Campana había

que sólo se tocaba algún solemne día.

Con el más recio són, con pausado compás,

cuatro golpes o tres solía dar no más.

Por esto y ser mayor de la ordinaria marca

celebrada fué siempre en toda la comarca.

Tenía la ciudad en su jurisdicción

una aldea infeliz, de corta población,

siendo su parroquial una pobre iglesita

con chico campanario a modo de una ermita,

y un rajado Esquilón, pendiente en medio de él,

era allí quien hacía el principal papel.

A fin de que imitase aqueste campanario

al de la catedral, dispuso el vecindario

que despacio y muy poco el dichoso Esquilón

se hubiese de tocar sólo en tal cual función,

y pudo tanto aquello en la gente aldeana,

que el Esquilón pasó por una gran campana.

Muy verosímil es, pues que la gravedad

suple en muchos así por la capacidad;

dígnanse rara vez de despegar sus labios,

y piensan que con esto imitan a los sabios.