LA CORNEJA CON PLUMAS AJENAS

Bien lo pudiera entender

quien la fabulilla vieja

supiera de la corneja,

que ha mucho ya que por ser

tan común nadie contó,

y de puro no contada

es de muchos ignorada,

y así he de contarla yo,

porque al caso se acomoda;

y tú, para disculpar

a Leonor, la has de escuchar.

Asistir quiso a la boda

del águila, mas se halló

la corneja tan sin galas,

que adornó el cuerpo y las alas

de varias plumas que hurtó

a otras aves; de manera

que apenas llegó a las bodas,

cuando conocieron todas

sus plumas, y la primera

el águila la embistió

a cobrarlas con tal furia,

que para la misma injuria

ejemplo a las otras dió.

—Detente. ¿Qué rabia es ésta?

—dijo la corneja—. Advierte

que sólo por complacerte,

y por venir a tu fiesta

más brillante, las hurté.

Y el águila respondió:

—Necia, ¿por ventura yo

pudiera culpar tu fe,

siendo tu fortuna escasa,

cuando galas no trujeras?

O con las tuyas vinieras,

o estuviéraste en tu casa.

(No hay mal que por bien no venga, acto 2.º, escena VIII.)


FRAY GABRIEL TÉLLEZ,
TIRSO DE MOLINA

Madrid, 1571?; 1648.

EL LEÓN Y LA RAPOSA[19]

Estaba cojo una vez

un león viejo —no es nuevo

quien anda mucho mancebo

estar cojo a la vejez—.

Como no podía cazar,

y andaba solo y hambriento,

aguzó el entendimiento

para comer sin andar;

y llamando a cortes reales,

mandó por edicto y ley

que atendiendo que era rey

de todos los animales,

acudiesen a su cueva.

Fueron todos, y asentados,

dijo: —Vasallos honrados,

a mí me han dado una nueva

extraña, y que me provoca

a pesadumbre y pasión,

y es que dicen que al león

le huele muy mal la boca.

No es bien que un sujeto real,

de tantos brutos señor,

en vez de dar buen olor,

a todos huela tan mal.

Y así, buscando el remedio,

hallo que a todos os toca,

que llegándoos a mi boca,

veáis si al principio o medio

alguna muela podrida

huele mal, por que se saque,

y desta suerte se aplaque

afrenta tan conocida.

Metióse con esto adentro,

y entrando de uno en uno,

no vieron salir ninguno.

La raposa, que es el centro

de malicias, olió el poste;

y convidándola a entrar

para ver y visitar

al león, respondió: —¡Oste!

Y asomando la cabeza,

dijo: —Por no ser tenida

por tosca y descomedida,

no entro a ver a vuestra alteza;

que como paso trabajos,

unos ajos he almorzado,

y para un rey no hay enfado

como el olor de los ajos.

Por aquesta cerbatana

vuestra alteza eche el aliento;

que si yo por ella siento

el mal olor, cosa es llana

que hay muela con agujero,

y el sacalla está a otra cuenta,

que yo estoy sin herramienta

y en mi vida fuí barbero.

(El pretendiente al revés, acto 1.º, escena XII.)

LA MULA DEL DOCTOR[20]

Tuvo un pobre una postema

(dicen que oculta en un lado)

y estaba desesperado

de ver la ignorante flema

con que el doctor le decía:

—En no yéndoos a la mano

en beber, moríos, hermano,

porque esa es hidropesía.

Ordenóle una receta,

y cuando le llegó a dar

la pluma para firmar,

la mula, que era algo inquieta,

asentóle la herradura

(emplasto dijera yo)

en el lado, y reventó

la postema, ya madura;

con que cesando el dolor,

dijo, mirándola abierta:

—En postemas, más acierta

la mula que su doctor.

(El amor médico, acto 1.º, escena I.)

EL ASNO Y EL COCHINO[21]

Señor Juan de Silva, escuche:

Crió un villano en su casa

un cochino y un jumento.

Al cochino regalaba

tanto, que al jumento mismo

daba envidia, que esta falta

es muy de asnos. Llegó el día

de San Martín, y escuchaba

el asno grandes gruñidos.

Asomóse a una ventana,

y vió al mísero cochino,

el cuchillo a la garganta,

que roncaba sin dormir.

—¿Para aquesto le engordaban?

—dijo el asno—. Voime al monte

por leña, venga mi albarda.

(Adversa fortuna de D. Álvaro de Luna, jornada 2.ª, escena IV.)