LOS GATOS ESCRUPULOSOS

¡Qué dolor! Por un descuido

Mizifuf y Zapirón

se comieron un capón

en un asador metido.

Después de haberse lamido

trataron en conferencia

si obrarían con prudencia

en comerse el asador.

—¿Le comieron? —No, señor:

Era caso de conciencia.

EL VIEJO Y LA MUERTE[7]

Entre montes por áspero camino,

tropezando con una y otra peña,

iba un Viejo cargado con su leña,

maldiciendo su mísero destino.

Al fin cayó, y viéndose de suerte

que apenas levantarse ya podía,

llamaba con colérica porfía

una, dos y tres veces a la Muerte.

Armada de guadaña en esqueleto

la Parca se le ofrece en aquel punto;

pero el Viejo, temiendo ser difunto,

lleno más de temor que de respeto,

trémulo la decía, y balbuciente:

—Yo... señora... os llamé desesperado;

pero... —Acaba: ¿qué quieres, desdichado?

—Que me carguéis la leña solamente.

Tenga paciencia quien se cree infelice,

que aun en la situación más lamentable

es la vida del hombre siempre amable:

el viejo de la leña nos lo dice.