PERDICES ME MANDA MI PADRE QUE COMA

Un cuento en esta ocasión

te diré muy semejante:

Tenía un viejo estudiante,

a tu traza y condición,

un hidalgo en Salamanca,

y escribióle que comiese

lo más barato que hubiese

en aquella plaza franca.

Preguntaba qué valía

una vaca a sus criados,

y como veinte ducados

el comprador respondía,

replicaba: —¿Y dos perdices?

—Cuatro reales. —Pues comer

perdices y obedecer.

. . . . . . . . . . . . . . . .

(Sembrar en buena tierra, acto 1.º)