POR LA PUENTE, QUE ESTÁ SECO

Iba camino un abad

muy gordo y muy reverendo;

llegando a un río, intentó

pasar el vado, y saliendo

un pastor, le dijo: —Advierta

que ayer se ahogó un pasajero

porque erró el vado. El abad

preguntó al pastor tosiendo:

—¿Cuánto hay desde aquí a la puente?

—Dos leguas y media pienso

—dijo el pastor. Y el Abad

le respondió entre un regüeldo:

—Si el que se ahogó hubiera ido

por la puente, aunque está lejos,

desde ayer acá ya hubiera

pasado el río. Y el freno

torciendo a la mula, dijo:

—Por la puente, que está seco.

(No puede ser..., jornada 1.ª, escena IV.)