20. Imitación de diversos

Vuestra tirana exención

y ese vuestro cuello erguido

estoy cierto que Cupido

pondrá en dura sujeción.

Vivid esquiva y exenta;

que a mi cuenta

vos serviréis al amor

cuando de vuestro dolor

ninguno quiera hacer cuenta.

Cuando la dorada cumbre

fuere de nieve esparcida,

y las dos luces de vida

recogieren ya su lumbre:

cuando la ruga enojosa

en la hermosa

frente y cara se mostrare,

y el tiempo que vuela helare

esa fresca y linda rosa:

Cuando os viéredes perdida,

os perderéis por querer,

sentiréis que es padecer

querer y no ser querida.

Diréis con dolor, Señora,

cada hora:

¡quién tuviera, ay sin ventura,

o agora aquella hermosura

o antes el amor de agora!

A mil gentes que agraviadas

tenéis con vuestra porfía,

dejaréis en aquel día

alegres y bien vengadas.

Y por mil partes volando

publicando

el amor irá este cuento,

para aviso y escarmiento

de quien huye de su bando.

¡Ay! por Dios, Señora bella,

mirad por vos, mientras dura

esa flor graciosa y pura,

que el no gozalla es perdella,

y pues no menos discreta

y perfeta

sois que bella y desdeñosa,

mirad que ninguna cosa

hay que a amor no esté sujeta.

El amor gobierna el cielo

con ley dulce eternamente,

¿y pensáis vos ser valiente

contra él acá en el suelo?

Da movimiento y viveza

a belleza

el amor, y es dulce vida;

y la suerte más valida

sin él es triste pobreza.

¿Qué vale el beber en oro,

el vestir seda y brocado,

el techo rico labrado,

los montones de tesoro?

¿Y qué vale si a derecho

os da pecho

el mundo todo y adora,

si a la fin dormís, Señora,

en el solo y frío lecho?