29. La tempestad y la calma

Yo vi del rojo sol la luz serena

Turbarse, y que en un punto desparece

Su alegre faz, y en torno se oscurece

El cielo con tiniebla de horror llena.

El austro proceloso airado suena,

Crece su furia, y la tormenta crece,

Y en los hombros de Atlante se estremece

El alto olimpo y con espanto truena;

Mas luego vi romperse el negro velo

Deshecho en agua, y a su luz primera

Restituirse alegre el claro día,

Y de nuevo esplendor ornado el cielo

Miré, y dije: ¿Quién sabe si le espera

Igual mudanza a la fortuna mía?