49.

Servía en Orán al Rey

Un español con dos lanzas,

Y con el alma y la vida

A una gallarda africana,

Tan noble como hermosa,

Tan amante como amada,

Con quien estaba una noche

Cuando tocaron al arma.

Trescientos Zenetes eran

Deste rebato la causa;

Que los rayos de la luna

Descubrieron las adargas;

Las adargas avisaron

A las mudas atalayas,

Las atalayas los fuegos,

Los fuegos a las campanas;

Y ellas al enamorado,

Que en los brazos de su dama

Oyó el militar estruendo

De las trompas y las cajas.

Espuelas de honor le pican

Y freno de amor le para;

No salir es cobardía,

Ingratitud es dejalla.

Del cuello pendiente ella,

Viéndole tomar la espada,

Con lágrimas y suspiros

Le dice aquestas palabras:

«Salid al campo, Señor,

Bañen mis ojos la cama;

Que ella me será también,

Sin vos, campo de batalla.

»Vestíos y salid apriesa,

Que el general os aguarda;

Yo os hago a vos mucha sobra

Y vos a él mucha falta.

»Bien podéis salir desnudo

Pues mi llanto no os ablanda;

Que tenéis de acero el pecho

Y no habéis menester armas.»

Viendo el español brioso

Cuánto le detiene y habla,

Le dice así: «Mi señora,

Tan dulce como enojada,

»Porque con honra y amor

Yo me quede, cumpla y vaya,

Vaya a los moros el cuerpo,

Y quede con vos el alma.

»Concededme, dueño mío,

Licencia para que salga

Al rebato en vuestro nombre,

Y en vuestro nombre combata.»