DON JOSÉ ZORRILLA

79. Introducción
a los «Cantos del Trovador»

¿Qué se hicieron las auras deliciosas

Que henchidas de perfume se perdían

Entre los lirios y las frescas rosas

Que el huerto ameno en derredor ceñían?

Las brisas del otoño revoltosas

En rápido tropel las impelían,

Y ahogaron la estación de los amores

Entre las hojas de sus yertas flores.

Hoy al fuego de un tronco nos sentamos

En torno de la antigua chimenea,

Y acaso la ancha sombra recordamos

De aquel tizón que a nuestros pies humea.

Y hora tras hora tristes esperamos

Que pase la estación adusta y fea,

En pereza febril adormecidos

Y en las propias memorias embebidos.

En vano a los placeres avarientos

Nos lanzamos do quier, y orgías sonoras

Estremecen los ricos aposentos

Y fantásticas danzas tentadoras;

Porque antes y después caminan lentos

Los turbios días y las lentas horas,

Sin que alguna ilusión de breve instante

Del alma el sueño fugitiva encante.

Pero yo, que he pasado entre ilusiones,

Sueños de oro y de luz, mi dulce vida,

No os dejaré dormir en los salones

Donde al placer la soledad convida;

Ni esperar, revolviendo los tizones,

Al yerto amigo o la falaz querida,

Sin que más esperanza os alimente

Que ir contando las horas tristemente.

Los que vivís de alcázares señores,

Venid, yo halagaré vuestra pereza;

Niñas hermosas que morís de amores,

Venid, yo encantaré vuestra belleza;

Viejos que idolatráis vuestros mayores,

Venid, yo os contaré vuestra grandeza;

Venid a oír en dulces armonías

Las sabrosas historias de otros días.

Yo soy el Trovador que vaga errante:

Si son de vuestro parque estos linderos,

No me dejéis pasar, mandad que cante;

Que yo sé de los bravos caballeros

La dama ingrata y la cautiva amante,

La cita oculta y los combates fieros

Con que a cabo llevaron sus empresas

Por hermosas esclavas y princesas.

Venid a mí, yo canto los amores;

Yo soy el trovador de los festines;

Yo ciño el arpa con vistosas flores,

Guirnalda que recojo en mil jardines;

Yo tengo el tulipán de cien colores

Que adoran de Estambul en los confines,

Y el lirio azul incógnito y campestre

Que nace y muere en el peñón silvestre.

¡Ven a mis manos, ven, arpa sonora!

¡Baja a mi mente, inspiración cristiana,

Y enciende en mí la llama creadora

Que del aliento del Querub emana!

¡Lejos de mí la historia tentadora

De ajena tierra y religión profana!

Mi voz, mi corazón, mi fantasía

La gloria cantan de la patria mía.

Venid, yo no hollaré con mis cantares

Del pueblo en que he nacido la creencia,

Respetaré su ley y sus altares;

En su desgracia a par que en su opulencia

Celebraré su fuerza o sus azares,

Y, fiel ministro de la gaya ciencia,

Levantaré mi voz consoladora

Sobre las ruinas en que España llora.

¡Tierra de amor! ¡tesoro de memorias,

Grande, opulenta y vencedora un día,

Sembrada de recuerdos y de historias,

Y hollada asaz por la fortuna impía!

Yo cantaré tus olvidadas glorias;

Que en alas de la ardiente poesía

No aspiro a más laurel ni a más hazaña

Que a una sonrisa de mi dulce España.