Remedio de esa situación.

Prescindiendo por lo tanto de esos peligros, que cada día ennegrecen más el horizonte filipino, y suponiendo, cual deseamos, que la paz sea un hecho en todas las Islas, la situación del Archipiélago tiene remedio; y ese, claro es que consiste en alejar todas las causas que han producido tan honda perturbación, y con prudencia y justicia adoptar las medidas que, asegurando la paz, protejan y fomenten los legítimos intereses de estos habitantes. La gran masa del país no está maleada: padece un acceso de alucinación y fanatismo, producido por las predicaciones y prácticas sectarias; pero no tiene el corazón y la cabeza pervertidos, y asistiéndole con cuidado, volverá á sus antiguos hábitos pacíficos y de sumisión. Las clases pudientes é ilustradas, sanas todavía, protestan de todos esos movimientos, y siendo leales y amigas nuestras, desean que cuanto antes se restablezca la normalidad, y contribuirán, juntamente con las instituciones metropolíticas, á la nobilísima empresa de restaurar el orden y la marcha pacífica y progresiva del Archipiélago.

Al Gobierno toca dirigir y encauzar esas fuerzas para lograr tan satisfactorio fin, restableciendo los resortes de gobierno, hoy casi desaparecidos ó muy debilitados; dando prestigio á todos los elementos conservadores; y con una administración seria, ilustrada, activa, estable, moral, conocedora y amante del país, y ajena á todo doctrinarismo político, continuar y perfeccionar el régimen justo y cariñoso, católico y español, con que la Metrópoli logró ganarse las simpatías de estos habitantes y asentar sólidamente su señorío.

Materia es ésta extraña á los fines y carácter propio de esta Exposición, que no tiene otro objeto que defender la honra de los Institutos religiosos y manifestar la necesidad de apoyar y robustecer su ministerio, si han de proseguir su noble y patriótica misión en el Archipiélago. No queremos meternos á políticos, por más que tengamos tanto ó más derecho que cualquier sociedad ó individuo á hablar de estas cosas; pero sí debemos ser defensores de los derechos de la Iglesia y del Clero Regular: sí, tenemos obligación de velar por loa intereses españoles, que no están reñidos, sino perfectamente amalgamados con los religiosos.