V.—La constatación de la coincidencia solitaria como base experimental de la inferencia causal

La segunda condición para poder inferir una relación de causalidad en la sucesión o coincidencia de dos fenómenos es la imposibilidad de que el efecto tenga otro antecedente. Pero, ¿cómo se puede fundar la coincidencia solitaria entre los dos fenómenos?

Si los fenómenos, dice Rabier, se presentaran en una sucesión lineal, siguiendo cada secuente a un solo antecedente, la relación de causalidad resultaría de esa coincidencia solitaria. Pero es el caso de que en la experiencia la sucesión de los fenómenos nunca se nos aparece así. Suelen aparecer antecedentes y consecuentes confundidos en masas conjuntas, sin que podamos decir en qué relación individual se encuentran unos con otros.

A pesar de esto, dice también Rabier, sería con todo posible realizar experimentalmente la coincidencia solitaria, si siendo todopoderosos como el Creador, nos fuese posible realizar en algún rincón del universo una especie de vacío absoluto impenetrable a toda influencia de las partes adjuntas a los fenómenos: podríamos excluir todos los antecedentes a los que no siguiera la aparición del fenómeno; pues, en ese caso habríamos realizado la coincidencia solitaria.

Pero esto tampoco es posible realizarlo. La realización experimental de la coincidencia solitaria es imposible. No es posible aislar todos los antecedentes y todos los consecuentes. Hay antecedentes variables que es posible excluir; pero, hay antecedentes invariables que no es posible modificar, ni excluir. Y entre estos antecedentes invariables algunos son causas permanentes, otros son simplemente efectos de la coligación de causas, otros son efectos de la misma causa que produjo al consecuente, y por último entre esos antecedentes suele haber causas concurrentes del consecuente.

No es mi propósito hacer una exposición de la lógica inductiva que no tendría razón de ser, ya que nada tengo que agregar y muy poco que rectificar a lo que S. Mill ha expuesto en su tratado de Lógica. No tengo más propósito que hacer resaltar su sentido, que no siempre aparece suficientemente definido, y sobre todo indicar la posición que ocupa en la teoría de la ciencia que he expuesto en artículos anteriores de esta Revista. Dado mi propósito es hasta conveniente que no me detenga en los detalles y de que pase superficialmente una mirada de conjunto sobre el asunto que voy considerando. Por eso en este lugar me refiero al interesante capítulo de S. Mill sobre la determinación de las causas. Aquí me reduzco a afirmar la imposibilidad de realizar experimentalmente la coincidencia solitaria.

No es posible realizar experimentalmente la coincidencia solitaria. ¿Quiere esto decir que la determinación de las causas de las cosas no sea posible? Esa sería la solución a que deberíamos llegar si el espíritu humano no hubiera encontrado el medio de salvar esa imposibilidad. Ha sido gloria de Bacon encontrarlo: “Cierto es que no es posible ni separar ni unir por el fuego de la naturaleza; pero, sí lo es con la mente que es como fuego divino”. No es posible excluir los antecedentes experimentalmente; pero, la fuerza de la lógica lo puede realizar. La coincidencia solitaria se determina idealmente.

¿Pero, como se ha podido alcanzar ese resultado? ¿Cómo es posible realizar idealmente lo que no se puede hacer experimentalmente? Ese resultado se alcanza por medio de los llamados métodos experimentales para determinar la causa, que concebidos por Bacon, han sido definitivamente determinados por S. Mill.

Estos métodos son cinco: el de concordancia, el de diferencia, el método combinado de concordancia y diferencia, el de resíduo y el de variaciones concomitantes.

La aplicación de estos métodos supone la previa determinación de los antecedentes y de los secuentes. Se basa en las tablas de presencia y de ausencia. Cuando se trata de determinar la causa de un fenómeno, hay que empezar por observar las condiciones de su producción y anotar cuidadosamente todos los antecedentes. Y de la misma manera respecto de los diversos antecedentes, observar y anotar los consecuentes. Esas observaciones permiten determinar los casos de presencia y de ausencia de los diversos antecedentes y de los diversos consecuentes.

Hechas esas tablas es posible ver en ellas por la aplicación de los métodos experimentales la coincidencia solitaria. Lo que no se podía realizar experimentalmente, es decir, la separación de los antecedentes y secuentes, se puede conseguir idealmente, eliminando los antecedentes que en las tablas de presencia, muestran que pueden estar ausentes o no variar, cuando el fenómeno secuente existe o varía, o bien, que pueden haber estado presentes o variado cuando el fenómeno no se ha producido o no ha variado. En cualquiera de esos casos se vé evidentemente la falta de coincidencia entre los fenómenos, y en consecuencia, quedan eliminados.

Ahora bien; si en ese proceso eliminatorio resulta un antecedente que no se puede eliminar, que siempre ha estado presente cuando el fenómeno se ha producido y que ha estado ausente en los casos en que el secuente no ha existido, se dice que la concordancia de ausencia y de presencia demuestra que ese es el único antecedente que puede ser causa del fenómeno secuente. Taine trae el siguiente ejemplo: Se trata de determinar la causa del sonido. Se observa los casos en que un oído normal percibe sonidos. El sonido puede producirse con una campana, con una cuerda que se hace vibrar, con un tambor que se golpea, con un clarín en el que se sopla, con la boca y los pulmones en la voz humana. En esas diversas observaciones lo único que permanece constante es la vibración de un cuerpo sonoro que se propaga a través de un medio hasta llegar al aparato auditivo. Esta vibración transmitida es el antecedente buscado.

Por el método de diferencia se llega al mismo resultado procediendo no, como en el método anterior, por eliminación sucesiva de los antecedentes no causales, sino por eliminación conjunta de todos los antecedentes no causales, de la siguiente manera: Se observa que todos los antecedentes que existían antes de producirse el fenómeno siguen subsistiendo en el momento de su producción, excepción hecha de uno que se ha agregado o que se ha quitado. Si los antecedentes presentes en el momento de la aparición del fenómeno existieron con anterioridad sin producirlo, demuestra esto, que no son la causa del fenómeno, y eliminados solo queda como antecedente solitario el fenómeno agregado o suprimido. Por ejemplo el que camina tranquilamente por la calle y cae muerto por un balazo, la coincidencia solitaria entre la muerte y el balazo resulta de la consideración de que todos los antecedentes que acompañaron al balazo, existían el segundo anterior en que se produjese el hecho, y que en consecuencia no pueden haber sido la causa de la muerte, puesto que en ese segundo anterior no la habían producido.

Los otros métodos, el combinado de concordancia y diferencia, el de variaciones concomitantes, y el de residuos, son simples aplicaciones de los principios de estos dos métodos. El método combinado es la realización del principio del de diferencia por la doble aplicación del método de concordancia a los casos positivos y negativos. Si en todos las reuniones en que interviene Juan siempre hay discusiones violentas, variando la composición de las personas, por una primera concordancia Juan aparece como el antecedente invariable. Una segunda concordancia de la que resultara que todas esas personas han intervenido en otras reuniones sin que haya habido discusiones violentas, en las que Juan no ha estado, permitiría concluir, realizando el principio del método de diferencia, que la única diferencia entre todos esos casos está en la presencia o la ausencia de Juan. El método de variaciones concomitantes, no es más que una modalidad de los métodos de concordancia y de diferencia. La modalidad consiste en que la concordancia y la diferencia se determinan, no en la presencia y ausencia de los fenómenos, sino en la concomitancia de sus variaciones. Todo cuerpo tiene calor. La dilatación de los cuerpos por el calor no se podría determinar si hubiese de compararse la dilatación en cuerpos que tienen y en cuerpos que no tienen calor. Pero, se puede observar la influencia del aumento y de la disminución de la temperatura en la dilatación de los cuerpos. El método de residuos no es más que la aplicación del principio del de diferencia. Es la eliminación de los antecedentes cuyos efectos se conocen, y la atribución de un efecto dado, al único antecedente que queda y cuyos efectos no se conocen. Si hay objetos construídos por cuatro obreros y puedo individualizar los objetos construídos por tres de ellos, los demás son los que ha construído el cuarto obrero.

Estos diversos métodos suponen, si son la aplicación del principio de concordancia, que se han podido determinar todos los antecedentes. Porque si no se hubiesen determinado todos los antecedentes, podría ser que el antecedente no considerado fuera la causa del fenómeno, y que la relación invariable que se ha constatado entre los fenómenos fuera debida simplemente a que son efectos de una misma causa o bien el resultado de la coligación primitiva de sus causas. El día y la noche son efectos de una misma causa: el movimiento de la tierra. El ignorante que prescinde de este antecedente podría ver en la sucesión del día a la noche una relación de causalidad. La coligación de causas primitivas podría ser la razón de que los negros sean motudos. La convicción íntima de que no conocemos todos los antecedentes que pueden influir en la producción de esos caracteres somáticos, a pesar de la invariabilidad de la relación, nos impide afirmar de que entre ellos pueda haber relación de causalidad.

Y si son la aplicación del principio del método de diferencia los diversos métodos suponen la imposibilidad de que con la introducción o la exclusión del antecedente considerado, no se haya introducido o excluído otro antecedente. Para poder afirmar que la causa de la muerte del transeunte ha sido el balazo que lo ha herido, sería necesario poder afirmar con toda seguridad de que en el momento en que la bala iba a entrar en el corazón no sufrió un ataque de apoplejía. La ignorancia del peso del aire, dice Rabier, había hecho explicar la ascensión del agua en las bombas por el horror al vacío.

Ahora bien; no es posible tener la seguridad que los principios de esos métodos exige. No es posible tener la seguridad en el caso del método de concordancia, de haber tenido en cuenta todos los antecedentes del fenómeno. Y en el caso del método de diferencia no es posible tener la seguridad absoluta de que con el antecedente considerado no se haya agregado o suprimido inconscientemente, algún otro antecedente, como en el caso de la explicación de la ascensión del agua en las bombas.

Y he ahí una nueva razón de dudar del valor dogmático de las generalizaciones mejor fundadas. Suponiendo resueltas las objeciones que se refieren al fundamento de la inducción tropezaríamos en esta consideración con una objeción insalvable, y de proceder dogmáticamente tendríamos que negar valor a la ciencia de lo real, a la única ciencia que puede tener valor propio.

Pero siendo escépticos podemos aceptar los fundamentos psicológicos que se dan para salvar la dificultad. La repetición de la experiencia un número suficiente de veces llega a eliminar la probabilidad de que pueda existir otro antecedente, además de los considerados, por lo que se refiere al método de concordancia, y la improbabilidad de que hayan intervenido otros antecedentes con el considerado en el método de diferencia cuando se toman ciertas precauciones en las experiencias. Por ejemplo en la muerte por asfixia de un pájaro colocado en una campana de vidrio, la rapidez de la introducción del gas venenoso en la experiencia, aleja la sospecha de que pueda haber intervenido otro antecedente en la muerte del animal.

La determinación de la coincidencia solitaria que ha de permitir la inferencia de la causa, no tiene, pues, más fundamento que la probabilidad, concepto puramente subjetivo que a un espíritu dogmático consecuente tendría que llevarlo a la negación de la ciencia.

Pero no es esta la única dificultad para la determinación de las causas de los fenómenos. Hasta ahora hemos supuesto el caso de fenómenos cuya causa es única; pero esto no es lo común. Lo corriente es el caso de pluralidad de causas. Y cuando esto sucede no siempre es posible la aplicación de los métodos anteriormente mencionados, y cuando es posible su aplicación requiere precauciones especiales.

Cuando un fenómeno es producido por diversas causas, para saber si los métodos empíricos son aplicables hay que distinguir el caso de causas que producen separadamente sus efectos de aquellos en que se combinan para producirlos. Un ejemplo de lo primero sería la determinación de las causas de la producción del agua.

La determinación de las causas cuando obran separadamente es relativamente sencilla. Se aplican los métodos anteriormente indicados. Se hace la comprobación para cada una de las causas como si fueran causas únicas en grupos de fenómenos en que no intervengan las otras causas. O bien se hace en el curso de observaciones en que desfilen todas las causas. Resultará en este segundo caso que nunca se encontrará en las observaciones el antecedente invariable, porque todas las causas pueden faltar sucesivamente, siempre que alguna de ellas esté presente. Pero, con todo, después de cierto número de observaciones, se encontrará que si bien todos los antecedentes pueden variar, sólo pueden variar dentro de ciertos límites: el fenómeno no se produce si faltan todos los de cierto grupo de antecedentes. Si alguno de ellos existe se produce el fenómeno, aunque falten los demás; pero, si todos faltan, el fenómeno no se produce.

Mas complicado es determinar las causas cuando éstas se combinan para producir el efecto. Se pueden presentar dos casos. O las causas se combinan en forma tal que el efecto es algo nuevo, completamente distinto de sus causas: un nuevo fenómeno con leyes propias, como sucede en la combinación del oxígeno y del hidrógeno para producir el agua; o bien es algo en que la individualidad de las causas no desaparece, y en el producto en consecuencia sigue subsistiendo la ley de sus causas, por ejemplo el movimiento combinado de dos fuerzas.

No es mi propósito hacer la exposición de la lógica inductiva, como ya lo he dicho, sino determinar su sentido y exponer sus líneas más generales para facilitar la lectura de los tratados. Por eso me reduciré en este punto a llamar la atención sobre las indicaciones que en esas lecturas se encontrarán respecto a la manera como se determina las causas.

Cuando se trata de determinar las causas que producen efectos que son fenómenos distintos a sus causas, hay que distinguir si el fenómeno es reversible a sus causas o no lo es. El agua es reversible a sus elementos. La vejez no es reversible a las causas que la han producido. Si las causas son reversibles, la determinación de las causas se reduce a la determinación de los efectos. Los efectos de oxidación del hierro por el agua permiten la separación de los elementos constitutivos del agua. Pero, si no son reversibles, la determinación de sus causas es más difícil. Para hacerlo hay que proceder como en el caso de la combinación de causas en el que éstas no pierden su individualidad: Las causas de la vejez se determinan por el mismo procedimiento que las causas de un movimiento combinado.

Ahora bien; en estos últimos casos se procede de la siguiente manera. Si se sospecha que las causas de un fenómeno pueden ser tales o cuales, se formula la hipótesis de sus causas, y luego se procede: 1.ᵒ, a determinar los efectos de cada una de esas causas; 2.ᵒ, a calcular el efecto posible de la combinación; 3.ᵒ, a la verificación experimental del cálculo. Son los tres momentos de lo que se llama el método deductivo experimental, y que es el más corriente en las ciencias, y el único aplicable en ciertos ramos del conocimiento humano. Es el método obligado en las ciencias biológicas, psíquicas y sociales.

Naturalmente, la determinación de las causas por estos diversos métodos de uso obligado cuando se trata de pluralidad de causas, está lejos de presentar la seguridad que ofrecen los métodos experimentales que determinan las causas únicas. Por eso para juzgar del valor de las generalizaciones fundadas en la aplicación de los métodos inductivos tenemos que referirlo al de sus métodos más precisos.

Ahora bien; de todo lo dicho, podemos concluir que si fuera posible la aplicación lógica de los principios a que responden los diversos métodos experimentales, la determinación de la coincidencia solitaria sería perfecta; pero, como de hecho nunca se puede tener la seguridad, en los casos en que se aplica el método de concordancia, de haber considerado todos los antecedentes, la fe que se puede tener en los resultados de su aplicación queda quebrantada. Y por lo que se refiere a la aplicación del método de diferencia, no se puede eliminar la imposibilidad de la introducción o extracción de otros elementos conjuntamente con la causa considerada.

Nuestro escepticismo vuelve, pues, a encontrar nuevos motivos de duda, y un dogmático no podría dejar de reconocer que la fe concedida al resultado de los métodos experimentales se funda más en motivos psicológicos que en fundamentos lógicos.

Y con esto podríamos dar por terminada la exposición de la lógica inductiva, refiriéndonos para el conocimiento de sus detalles a la obra fundamental de S. Mill; pero habríamos dejado de considerar uno de sus aspectos más interesantes: el de las generalizaciones inductivas que suponen la ignorancia de las causas de los hechos particulares que las fundan; me refiero a la teoría de las leyes empíricas no causales, las leyes empíricas propiamente dichas.