III

Allende fué el mosquetero de la revolución. Comenzó batiéndose con la espada y la pistola, y pocos días antes de morir todavía arrojó sus balas á la frente de los jefes españoles. Los historiadores que lo conocieron lo describen como un hombre alto, bien hecho, hermoso, fuerte, ágil en el manejo de las armas, guapo y airoso disparándose en su caballo contra los enemigos, resuelto y pronto en sus ataques, excelente militar para su época y hombre de previsión. No siempre se siguieron sus consejos y sus inspiraciones, y quizá por esto la guerra de Independencia no terminó en el primer período en que hizo el mismo empuje terrible que la pólvora que se prende encerrada en una mina.

La idea de la Independencia y de la Libertad aparece depositada en el cerebro de Allende mucho antes del año de 1810. ¿Fué el verdadero autor de la idea, ó el colaborador de Hidalgo? Parece que lo primero es más probable; pero la gloria reflejó de una manera más intensa en el anciano de Dolores, mientras la muerte y la tumba fueron igualmente negras é inexorables para los dos.

Allende era hijo de ese pintoresco pueblo de San Miguel, de que he hablado, y su familia y su posición social, tan distinguidas que llegó á ser Capitán de dragones de la Reina. Sirvió en San Luis á las órdenes de Calleja, y después en el célebre cantón de las Villas.

En principios del año de 1810 ya se registran diversas historias y tradiciones que comprueban que Allende, en unión de otros oficiales de su cuerpo, habían pensado en la Independencia, y que de todo esto tenía conocimiento Hidalgo. La conjuración se descubre, el intendente Riaño, de Guanajuato, manda prender á todos los que según la denuncia estaban comprometidos; pero Allende intercepta por una rara casualidad la orden, manda ensillar sus caballos, y en medio de las sombras y saltando peñascos y barrancas, corre veloz como el viento, llega á las doce de la noche á Dolores, despierta á Hidalgo, hablan los dos un momento, se deciden á arrojarse á lo desconocido de las aventuras, á lo lúgubre y sangriento de la guerra; en una palabra, allí abren su sepulcro, labran su ataúd, al saludar á la libertad dicen adiós á la vida, se despiden de la bella naturaleza, y dan con cuatro ó cinco miserables del pueblo el tremendo é histórico grito de Dolores, el 16 de Septiembre de 1810. Hé aquí la Independencia, historia sencilla, rápida, magnífica, sorprendente, inesperada como todas las grandes cosas.