CLII.
Fama es que ya, cuando de pronto uncidos
Los caballos, á lid montó ligero,
Tomó, en su afan turbados los sentidos,
El de su auriga, y no el paterno acero:
A los Teucros, con él, despavoridos
Pudo acosar gran tiempo; ahora, empero,
Hierro mortal, cual hielo quebradizo,
Dando en armas divinas, se deshizo.