CLXXIV.
La tumba de Derceno, de Laurento
Antiguo rey, del monte al pié se empina
En que Ópis vigilaba, monumento
De amontonada tierra, que una encina
Con sombra amiga cubre. En un momento
Su vuelo gentilísimo declina
Agil la Diosa allá, y en lo alto puesta
A Arrunte busca con mirada presta.