CLXXVII.
Mas ya sobre sus armas extendido,
Ingente él mismo y con ingente llaga,
Traen á Lauso, haciendo gran plañido,
Sus soldados. De tanto mal presaga
El alma léjos entendió el gemido;
Y sus canas manchando en polvo, halaga
Mezencio su dolor; las palmas tiende
Al cielo; el hijo entre sus brazos prende.