CLXXXII.
»Que tú, digno bridon, nunca á villanos
Yugos el cuello inclinarás; ¿ni cómo
Habrias de admitir amos troyanos?»
Dice, y monta el corcel, que humilla el lomo
A recibirle; se llenó las manos
De agudos dardos, y asentóse á plomo:
Guarnecida de bronce centellea
Su frente; áspera crin encima ondea.