CXLII.
Ingrato á un beneficio que no entiende
Tornó á mirar, y con doliente grito
Entrambas manos hácia el cielo extiende:
«¡Omnipotente padre! ¿Qué delito
Cometí, que tu saña así se enciende
Y mal tan grande sobre mí concito?
¿Qué es de mí? ¿dónde estoy? ¿Qué fuerza nueva
A dónde, en fuga, y como quién me lleva?