CXLII.

Habló así, mal contenta su venganza

Con traspasarle el pecho. Y luégo humilla,

Troyanos ambos de feroz pujanza,

A Orsíloco y á Bútes. Donde brilla

La tez del cuello, que á cubrir no alcanza

Pendiente á izquierda del broquel la orilla,

Entre el yelmo y loriga del jinete,

Allí á Bute, en su fuga, el hierro mete.