CXVI.
Recoge en hombros el soberbio arreo
Seresto: á tí, que el campo en sangre bañas,
Alzarle ha, rey Gradivo, por trofeo.
Ya en contra veo á Umbron (que las montañas
De los Marsos dejó), con él ya veo
Restablecer la lid con sus hazañas
A Céculo, hijo ardiente de Vulcano.
A ellos se lanza el adalid troyano.