CXVIII.
»Y áun los pasos primeros no ha ensayado
Con vacilante pié la tierna niña,
Sin que á sus palmas él dardo aguzado
Dé, y al hombro carcaj y arco le ciña;
No, sin que en vez del manto y del tocado
De oro que el lujo cortesano aliña,
Desde la coronilla le suspenda
Sobre la espalda, piel de tigre horrenda.