CXXVII.
«Por tí, y aquellos á quien es debido
Tu sér, ¡que con piedad, señor, me veas,
Y esta vida me dejes que te pido!»
Rogando sigue; y replicóle Enéas:
«No así hablabas en ántes, fementido;
Vé, y fiel hermano con tu hermano seas!»
Y con la espada el pecho vengadora,
Santuario del alma, hondo le explora.