CXXVII.

Aguzando el mancebo los oidos

Fatídico clamor distinto siente,

Oye de la ciudad los alaridos.

«¡Ay de mí! ¿Qué gran duelo está presente

A los muros? ¿Qué fúnebres sonidos

De tan diverso punto la corriente

Del aire arrastra?» Dice, y de la brida

Tira atónito, y pára la corrida.