CXXXII.

Oyóle el Padre complacido, y truena

Á izquierda mano, despejado el cielo.

Descargándose al punto el arco suena,

Y disparado el homicida telo

De la cuerda tirante se enajena,

El aire rasga en estridente vuelo,

Llega, y traspasa con el hierro insano

Las sienes cavernosas á Numano.