LII.

»Animo, pues; y al despuntar temprano

De la próxima luz llama tu gente

Al arma; y el escudo que Vulcano,

Invicto dón de diestra ignipotente,

Te dió, con cercos de oro, embraza ufano.

Si tú confías que mi voz no miente,

De Rútulos atroz carnicería

Verá en pilas alzada el nuevo dia.»