LXI.

Encima el agresor se precipita,

Y enhiesto, en su corcel, lanzon horrendo

Sobre el postrado príncipe ejercita;

Rogaba en vano el infeliz gimiendo.

«¡Cayó, y ante el altar!» Mesapo grita;

«Gran víctima á los Númenes ofrendo!»

Caliente aún, los Ítalos en torno

Quitan al cuerpo noble el rico adorno.