LXVIII.
Mató despues á Gias corpulento
Y al fornido Ciseo, cuyas clavas
Peones derribaban ciento á ciento;
Ni altos brazos ni hercúleas armas bravas
Les valieron, ni haberte el grande aliento
Heredado, ¡oh Melampo! á tí que andabas
Un tiempo al lado del invicto Alcídes,
Partícipe en sus suertes y en sus lides.