LXXII.

Seguia, al aire libre, en campo abierto,

Turno á Eumédes, con leve dardo: enfrena

Su carro, salta, llega; semimuerto

Al fugitivo halló sobre la arena:

El pié al cuello le pone; al puño yerto

Le arranca hoja luciente, y se la ensena,

Tiñéndola hasta el pomo, en la garganta,

Y fiero así sobre él victoria canta: