LXXVIII.
Turno, impaciente ya, lanzó un gemido,
Y voces tales de lo más profundo
Del pecho arranca, en cólera encendido:
«Tú el primero en llegar, tú el más facundo
En los consejos, Dránces, siempre has sido.
Brazos pida la patria, ardor fecundo,—
Jamás el labio vocinglero sellas.
¡Palabras! ¿y á qué el aula henchir con ellas?