LXXXVII.
Mas el héroe tardanzas no consiente:
De acá y de allá á la pierna sobrelaza
Las grebas de oro, él mismo; ase impaciente
De la fulmínea lanza, la coraza
Viste, toma el broquel resplandeciente;
Y las armas tendiendo en torno, abraza
Y fugaz por el yelmo besa al hijo:
«De mí firme virtud, teson prolijo,