LXXXVIII.
«Alzad,» dijo llegando el Dios herrero,
«Cuanto empezado habeis, Ciclopes mios;
Alzad; y atentos escuchadme: quiero
Armas para un varon de grandes bríos.
Manos pujantes y exquisito esmero
Aquí todos poned, y aquí lucíos
De magistral destreza haciendo alarde:
Sús! la obra empiece, y en salir no tarde!»