XII.

»Sí, que no es tan inválido mi acero,

Ni golpes da mi diestra tan en vago:

¡Tambien hienden mis armas cuando hiero,

Y allí brota la sangre donde llago!

No acudirá esta vez tan de ligero

Diva madre á librarle del amago;

Seránle contra mí defensa flaca

Femíneos velos entre nube opaca!»