XLII.

»Fué de ésta, dicen, suya, á patria ajena;

Fué á las frigias ciudades, cabe el Ida,

Y de la tracia Sámos el arena

Honró, que hoy Samotracia se apellida:

Dejó á Corito y su mansion tirrena;

Y en el celeste alcázar ya le anida

Aureo solio que esmaltan luminares,

Y goza él, nuevo Dios, culto y altares.»