XLIX.

El cual les dice: «Sin injusto ceño,

Nobles jefes, oid nuestras razones;

Ni por la edad juzgueis de nuestro empeño.

Yacen los enemigos escuadrones

Entorpecidos del licor y el sueño:

Campo á nuestras astutas intenciones

Propicio allí se ofrece, do la puerta

Que mira al mar, dos sendas abre incierta.