XXVI.

Los Rútulos temblaron: del espanto

Mesapo mismo poseer se deja

Que á sus caballos alborota; en tanto

Que, formando sus ondas ronca queja,

No á impelerlas se anima el Tibre santo,

Medroso, y de la mar la planta aleja.

Mas del audace Turno nada alcanza

A abatir la soberbia confianza.