XXXII.

»Ni teman de nosotros, cual del Griego

Que robó el Paladion, cobarde, oscuro,

Cruel asalto, ni que al vientre ciego

De un caballo trepemos; no: les juro

Que en pleno sol y cara á cara, el fuego

En torno llevaremos de su muro;

¡Y así, que con los Dánaos no pelean

Que Héctor diez años entretuvo, vean!